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jueves, 10 de septiembre de 2009

Diario del hombre pálido, de Juan Gracia Armendáriz


Juan Gracia Armendáriz, al igual que hizo con sus Cuentos del jíbaro, está publicando en el blog de la editorial Demipage un nuevo libro por entregas. Se trata del Diario del hombre pálido.

Tengo la suerte de recibir periódicamente las entregas que se publican de ese diario y, cuando leí la que a continuación les ofrezco, no pude evitar pedir permiso para su reproducción (gracias).
Es sobre el mundo del cuento.
Lean y juzguen.

Diario del hombre pálido. Duodécima entrega
Día treinta y seis

Agendas, cuadernos de notas, material de papelería, nombres ficticios, señales, vectores, enumeraciones, borrones, dibujos, caracteres, listas de cualidades y defectos, objetivos, viñetas, esquemas de capítulos, asuntos, preguntas, signos de exclamación, citas: el plano de una novela… En un cajón guardo las cartas de rechazo de los editores. Esas cartas que tanto me atormentaron hace años, pero de las que no quise desprenderme, como quien guarda con morbosa delectación la prueba de una traición. Las conservé durante mucho tiempo, hasta que, por fin, un día, movido por una suerte de superstición, decidí deshacerme de ellas. Pero antes de ese acto purgativo copié a mano mi favorita. Decía así:


Querido amigo:

He leído deslumbrado su manuscrito, que me plantea un injusto problema editorial. Su libro, compuesto tal vez con la mejor prosa que me ha tocado leer en manuscrito, pertenece a un género terriblemente cruel para el editor honesto. Un poco como la poesía, el relato brevísimo y la viñeta son formas a priori condenadas dentro del engranaje comercial que rige nuestra labor. Los aforismos, por ejemplo, le están permitidos a Elías Canetti, no a cualquiera. Y si menciono la poesía, es en plena conciencia de que, aun ella, tiene más público que el género que usted cultiva.

Por lo tanto, no tengo más remedio que decirle que sigo estudiando alternativas editoriales para su texto –tiradas cortas, distribuciones especializadas, etc.– y que si se me ocurre alguna salida digna se la comunicaré sin dilación.


Cordialmente suyo,

Mario Muchnick


El editor nunca me llamó –quizá no alcanzó a encontrar una solución satisfactoria para ambas partes–, y yo tampoco lo hice. Algunos días después de recibir tan (¿gratificante?, ¿consoladora?, ¿cínica?, ¿honesta?) respuesta, el periódico El País se hizo eco de un encuentro de editores, cuyo titular decía: «Editores de todo el mundo apuestan por el riesgo ante el fantasma del fin de siglo». El periodista que redactaba la crónica escribía: «El editor Mario Muchnick comentó por su parte: Los editores somos un grupo extraño de gente y, por tanto, es el fin de siglo el que está perplejo con nosotros». Y en el colmo de la apuesta por el riesgo, agregó: Yo considero cultura todo lo que no es rentable.

En efecto, todos estamos un poco perplejos.

2 comentarios:

luisa dijo...

Yo también guardaría esas cartas (aunque sólo fuese para revolcarme en ella de vez en cuando con el corsé de gata que me han regalado y las uñas recién laqueadas en rojo chillón).
Son este tipo de cosas las que le dejan a una helada, justo cuando te diriges a correos con tu manuscrito bajo el brazo y te preguntas: ¿Habrá un Dios? (creo que sí, pero no concede entrevistas).

BACO dijo...

Amén.
Tómatelo con filosofía: yo también colecciono noes.