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lunes, 21 de marzo de 2011

"Antes de las jirafas", de Matías Candeira



EL GRAN FABULADOR

Por Esteban Gutiérrez Gómez


Antes de las jirafas, de Matías Candeira

Páginas de Espuma. 144 pp. 15€



El feto parece que se despereza, que cobra vida. Tiembla, se agita, parece que lucha con la tela viscosa que lo cubre, que cree protegerlo. Detrás vemos luces, luces apagadas que nos hacen percibir contornos difuminados, no definidos en el tiempo. Algún sonido llega a nuestros oídos, quizá un susurro, quizá un grito ahogado. Un hombre pasa vendiendo palomitas de colores. Va montado en bicicleta y lleva nariz de payaso, zapatos grandes de payaso, sombrero hongo de payaso. Al hombro porta un hacha afilada y sus ojos no dejan de brillar.
Matías Candeira acojona. Sorprende tanto en el fondo como en la forma, y sus cuentos son inseparables de la vaporosa tela que los cubre. Más allá de la fantasía existe un mundo inquietante, hogar de pesadillas nimbadas y personajes imposibles, diferentes, geniales.
¿Qué pasa por su cabeza? ¿Qué cabeza? ¿Quién dice que Matías Candeira tiene cabeza? Acaso no habéis leído el futuro en su corazón, acaso no sabéis que interpreta cada símbolo, que adivina cada puesta de sol.
¿Y por qué la cárcel? ¿Por qué la opresión? En qué mundo creéis que vivís. Tiene que venir un escritor empapado de ficción para enseñaros la realidad, para haceros llegar la angustia, la opresión, la inquietud, la locura y el surrealismo de la vida en la que os movéis, ¿o es que no os habéis dado cuenta?
Quizá un cuento como “El extraño” os llame la atención, pero “La dimensión del ojo” o “La estirpe amarilla” o “Exploradores” os dejarán con la boca abierta, deseosos de releer historias que ocultan detalles fundamentales en primeras lecturas.
Sí, lo siento, pero son relatos que hay que releer para obtener de ellos toda su esencia. Sí, es costoso, no es literatura de consumo, lo siento, siento tener que haceros pensar. Sí, son muescas en el futuro, de aquí a delante, más allá, volar, dejar la tierra abajo, algo diferente. Sí, qué se le va a hacer.
Tan apegado a la cerveza y al tabaco, al sudor y los restos de comida en las comisuras de los labios, había olvidado esos mundos lejanos que no sólo se alcanzar con naves espaciales y lsd, mundos oníricos en los que alojarme confortablemente mientras releo un cuadro o escucho la postal de mi niñez. Hace tiempo que no disfrutaba de la ficción por la cara como con estos relatos. Disfruto de su lectura, disfruto de su relectura, disfruto de su superación, cuando cierro el libro. Hace tiempo, quizá miles de años, que no soportaba tanta tensión.
Pero me ocurre lo que a algunos hombres inexistentes.
Que me gusta, la opresión, de la buena literatura.

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Publicado en CULTURA+