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viernes, 14 de noviembre de 2008

Un relato policíaco, de Imre Kertész

No deja de asombrarme la lectura de estos escritores del este (todos o casi todos publicados en Acantilado). A Imre Kertész no lo conocía –ya saben que reconozco lo poco que sé– y sin embargo fue premio Nobel de Literatura en el año 2002. Su vida demuestra el coraje y el espíritu de lucha que poseen ciertas personas. Baste decir que nació en 1929 en Budapest, que en 1944 fue deportado a Auschwitz (sí, con quince años) y que su mundo desde entonces fue la Literatura (con mayúscula, David). El reconocimiento no empezó a llegar hasta mediados de los noventa y aún es un desconocido.
El relato del que hablo es prueba de ello. Como todo autor del este de Europa, presentó su escrito a las editoriales oficiales húngaras para su publicación, pero ¿cómo presentar un libro que denuncia las dictaduras y el acceso al poder por medios ilegales ante las editoriales oficiales (tan sólo había dos) de un estado en el que por entonces (1975) reinaba una de las más fieras dictaduras? La voluntad de denuncia llevó al autor a reelaborar su obra, a situarla en otras latitudes y a cambiar nombres que fácilmente podrían confundirse con los de personas reales.
Aquí la ficción nos obliga a mirar hacia otro lado si no queremos ser concientes de que dentro de las personas caben todas las maldades. Todas, incluso aquellas inimaginables para seres autodenominados “humanos”. La barbaridad otra vez.
La valentía de Imre Kertész, trajo consigo muchos problemas. Sin embargo, el principal de ellos, el que más le preocupaba según palabras del autor, no era su propia seguridad o el seguimiento constante al que era sometido. Lo que más preocupaba al autor fue convertir en ficción la realidad sobre la que escribía, que era, ya lo imaginarán, la que estaba viviendo.


Pero, ¿saben ustedes lo mejor? Por azares de eso que llaman destino, ando ahora leyendo los extraordinarios cuentos de Haroldo Conti, un escritor que fue “desaparecido” por la dictadura argentina en 1976.

Mierda de vida.

sinopsis

Un miembro de la policía secreta de un país latinoamericano sin precisar relata, poco antes de ser ejecutado, su experiencia en el Cuerpo. Vuelven a surgir de este modo las preguntas que Imre Kertész siempre nos formula: ¿Cómo se implica el ser humano en la maquinaria de una dictadura? ¿Cómo llega a participar en ella? En este caso, Kertész lo narra desde la perspectiva no de la víctima, sino del verdugo. Con extrema economía, con frialdad, explica la caída de un hombre en la indiferencia moral y en el empobrecimiento definitivo del alma y da así con una de las claves para entender nuestra época.
Un relato policíaco
Traducción de Adan Kovacsics
Narrativa del Acantilado

Aquí un expléndido trabajo: "Imre Kertész: la degradación de la víctima"

4 comentarios:

Martín Corona dijo...

¿La sinopsis que pones es la de la contratapa?

BACO dijo...

Sí, es la contratapa del libro.
Curiosa pregunta...

Cable Hogue dijo...

A Conti (y el extraordinario trabajo de Bartleby Eitores) ya lo conocía, pero a Kertész y a Bodor no. Los apunto en la interminable lista de libros de relatos por leer.
Espero que sigas recoméndandonos autores del este, según avancen tus lecturas.
Un saludo, Esteban, y que el cuento continúe en la brecha.

Pablo.

BACO dijo...

Vale, Pablo:
Conti me está gustando.
Un cordial saludo.