La enfermedad del lado izquierdo

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jueves, 12 de febrero de 2009

25 años después


Julio Cortázar murió hace 25 años un 12 de febrero.

El juego de la literatura no murió con él.


Hoy, las cervezas, serán por tu eterna memoria, Maestro.


Continuidad de los parques
Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

5 comentarios:

Miguel A. Zapata dijo...

Qué rostro tan raro el de Cortázar: parece una mitad ante su reflejo, una parte siempre en el otro lado, bizarría inquietante de lo simétrico.

BACO dijo...

MAZ: Cortázar tiene dos caras. Coge todas sus fotos tomadas de frente, tapa una mitad, obsérvala, tapa la otra y ya me contarás.

Miguel A. Zapata dijo...

Sí, a eso me refería, es como si la mitad de su cara estuviera sumergida o se duplicara un lado sin correponderle habitar al otro extremo. Como en el cuento aquel suyo del autobús donde los viajeros parecen finalmente estar todos fiambres, creo que en "Bestiario" o "Todos los fuegos, el fuego", no recuerdo ya.
De todas formas, eso me pasa a mí con relativa asiduidad: un lado de la cara se me pierde al otro lado de algo y me paso el día caminando de perfil, como un relieve egipcio, así como disimulando.

Carol dijo...

Todas las cervezas, todos los vinos hoy por los 25 años de ausencia del ser más que presente en 'nuestras' vidas ... por lo menos en la mía sí.
Salud y larga vida a su inmensa presencia

BACO dijo...

Señor Zapata:
Indiscutiblemente usted nació para escribir cuentos.
El otro día, frente al espejo del baño (ese maldito escupeverdades) descubrí que yo también tenía marcada esa doblez.
Un fuerte abrazo.

Carol:
Larga vida. Da gusto encontrar la complicidad de otros lectores con Cortázar. Para celebrarlo estoy con "Los premios". Bárbaro, che.
Un beso.