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miércoles, 1 de octubre de 2008

EL microrrelato: Pequeño pero matón

Hace unos días, Paula Corroto me entrevistó pulsando mi opinión sobre la literatura breve. Se centraba en el micro como género narrativo.
Hoy, en el diario PÚBLICO, aparece un reportaje al respecto que profundiza en estilos y pretensiones, en orígenes y futuros, y que habla de los autores actuales que cultivan dicho género.

¿Qué es un micro?
El botón de muestra:

La población reclusa no cumple la cuota femenina.
Habrá que hacer algo.
Políticamente incorrecto,
de Juan Pedro Aparicio

Os dejo con el reportaje completo:

Microrrelato: pequeño pero matón

Se lleva lo breve. La concisión toma fuerza en la narrativa contemporánea con la creciente aparición de autores de microrrelatos en las editoriales y en Internet

PAULA CORROTO - Madrid - 30/09/2008 22:56

Es un golpe seco. Una bofetada maternal que te pilla de improviso. También un beso fugaz. El que nunca esperaste. Como esa mirada en el metro, casi de soslayo. Una mirada que sólo dura un par de segundos, pero que vale como una historia de amor eterna. Porque te impacta, te conmociona, te noquea. A veces para dejarte aterrado; otras, para quedarte con la más deliciosa de las sensaciones.
Todo esto es el microrrelato. El género literario de lo hiperbreve. Un formato que ya elevaron a los altares grandes nombres latinoamericanos como Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Adolfo Bioy Casares, (sin olvidar al vasco Ignacio Aldecoa), pero que en los últimos tiempos ha regresado con una fuerza inusitada.
El primer síntoma de que la brevedad impone su marcha en el mundo literario aparece de lleno en Internet. En una época inundada por los blogs –“otro género narrativo”, Jesús Ferrero dixit, también breve en su formato post–, si se teclea en Google la palabra microrrelatos junto a blog aparecen hasta 446.000 entradas. De todos ellos, uno de los más implicados con la causa es El laberinto de Noé, de Esteban Gutiérrez Gómez, donde se encuentra todo un manifiesto en favor del género.
El segundo indicio del interés por los sintético, pero muy intenso, según palabras del académico José María Merino, es la creciente publicación de libros dedicados a este género. Incluso, algunos han obtenido premios, como La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), del propio Merino, que se llevó el Salambó del año pasado frente a los novelones Veneno, y sombra, y adiós, de Javier Marías y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas.
Una tercera señal, que viene al hilo de los nuevos libros, es la aparición de editoriales dedicadas exclusivamente al cuento (y, por ende, al microrrelato), como Páginas de Espuma, Thule y Menoscuarto. Juan Casamayor, editor de la primera, fue también pionero en el campo hace ya casi diez años: “En 1999 decidimos montar la editorial porque las grandes comenzaban a moverse en torno al cuento. Creíamos que era un buen momento y acertamos porque ya llevamos una década”, señala de forma significativa. Reconoce, no obstante, que hay que afinar a la hora de hablar del boom del género breve e hiperbreve: “Es cierto que ha habido un crecimiento de los lectores. Yo tengo libros que han vendido más de 50.000 ejemplares, pero esto no es un boom. Es un fenómeno que va poco a poco”.
Pero que existe. Aparte de José María Merino, ahí van algunos títulos y autores que en los últimos tiempos le han dado caché al microrrelato: Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki; Por favor, sea breve, de Clara Obligado; Cuentos del lejano oeste, de Luciano G. Egido, Botánica del caos, de Ana María Shua, Cuentos cruentos –original mezcla con el micropoema–, de Dino Lanti, Un extraño envío, de Julia Otxoa, o el recentísimo El juego del diábolo, de Juan Pedro Aparicio.

Un mundo fugaz
¿Por qué? Una explicación sociológica señala que el ascendente éxito de la brevedad literaria se debe a nuestro vertiginoso ritmo de vida. Sin embargo, los escritores rechazan tal teoría. Por varias razones. La primera: “Esto es como el sexo, que nadie quiere que sea rapidito. Además, el microrrelato, como el micropoema, se lee saboreándolo. Es como una bomba de efecto retardado”. Esta es la explicación de Fernando Iwasaki. La sensual.
La otra, de Clara Obligado, parte del intelecto: “El éxito no radica en lo acelerado, ya que el cuento, con sus elipsis, exige un trabajo intelectual muy grande, y un lector que se pare y razone”. Por su parte, Ana María Shua, se ciñe a lo económico: “Si se observan las listas de best-sellers, es evidente que nuestro mundo fugaz aprecia sobre todo los novelones de 500 páginas. Si se observan las cifras de ventas de los libros de microrrelatos, es evidente que a nuestro mundo fugaz le importan un pimiento”.
¿Y entonces? “Evocan una mirada contemporánea y renovadora”, señala José María Merino. “Te crean una tensión, mostrando aparentar una información que está escondida, para que al final todo explote en tu mente”, dice Esteban Gutiérrez. “Eso sí, hay que tener cuidado, porque ni son aforismos, ni ocurrencias”, alerta Iwaskai.
El microrrelato es esa mirada rápida, casi sin querer, con la que todos querrían cruzarse, al menos una vez. Ése es su éxito.


Por cierto, nadie suele decirlo, pero el micro (el micro como género literario, pues hay microrrelatos del siglo IV a.C.) nació de esos juegos literarios que Bioy y Borges practicaban. A una de esas reuniones llegó Cortázar con su inquietud por la experimentación y su surrealismo y dijo de hacer lo mínimo para contar un cuento "el lector cómplice, hará lo demás". No creo que a nadie le extrañe.

3 comentarios:

Miguel Ibáñez dijo...

Hola Esteban. Soy Miguel Ibáñez, del blog La Grúa de Piedra -www.lagruadepiedra.wordpress.com-, en el que le dedico una especial atención al género del microrrelato, aunque no sea ese mi único tema de interés. Te he visto citado en el artículo de Público y te he enlazado a mi blog (felicidades por tu página y por tus cuentos, dicho sea de paso)Además me he permitido robarte el microcuento de Aparicio para publicarlo en La Grúa.
Un saludo desde Santander

Fisgón dijo...

se dice gracias, al menos.

BACO dijo...

Fisgón, ya se lo agradecí a Miguel Ibañez como debía, visitando su fantástico blog y dejando un sincero comentario.
Fisga un poco más antes de opinar.