
Los años le sacaron del trapicheo a destajo con desconocidos, pero aún conservaba ese punto tan suyo de hacerla en cualquier momento (a cualquiera que no fuese del barrio). Y así se jactó, a día de hoy, de la chupa de cuero que había robado ayer en aquel garito del centro.
Lo guapa que era la chupa. Lo listo que era él.
Le paró días después un policía de proximidad. Le cacheó a conciencia, registrando minuciosamente los múltiples bolsillos de su nueva chupa, cremallera por cremallera. Y apareció aquel bolsillo recóndito debajo del sobaco derecho. No dio crédito cuando sacaron de allí un paquete con 385 tripis, doblados en tiras sobre sí mismos, envueltos en una bolsa de plástico, como de golosinas. Cada cuatro cartoncillos formaban el dibujo de una diosa hindú.
No pensó en el marrón que se le venía encima, si no en esos tripis no descubiertos antes y por lo tanto no vendidos. La conciencia vino después, mientras se cagaba en la sangre de su mala suerte.
Le cayeron tres años. Al listo. Los indiecitos de Lucky se descojonaban.
Relato de Kike Babas incluido en su nuevo libro Dias de speed a falta de rosas.
Ilustraciones de Ramone (dibujante de casi todas las portadas de Extremoduro, Marea, etecé)
Próximo post en Bacovicious sobre la fiesta de Gruta 77 y lo que está generando HankOver / Resaca.
2 comentarios:
Gracias Esteban por el trabajo que haces y brindas.
Saludos, y ánimo.
Gracias a tí, por pasarte por aquí y molestarde en dejar unas palabras, ciertamente, amables.
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