La enfermedad del lado izquierdo

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miércoles, 31 de diciembre de 2008

BÁRBARO (un cuento epistolar para acabar el año)

Madrid, 11 de junio de 2004

Venerable huesudo:

Bueno, que sorpresa, tú por aquí. Me lo dijo Rosi. Me tienes que contar todo, viejo, que ya me dijeron que Mercedes voló y llegó Sarita. A tus años. Que bueno. Por acá todo bárbaro ya sabes, las elecciones y el triunfo de la ira, para que luego se pregunten si hace falta o no amor. Y es que todavía hay quién dice que la realidad supera a la ficción. No se dan cuenta de que la ficción es en verdad la pura realidad. Los otros crispados oye, como perro rabioso al que le quitan un hueso de la boca, a punto de muerte; dicen los viejos que como hace setenta años. Y es que no escarmentamos. Incluso el moreno Pablete me dijo de trincar a dos repeinados con andares de oca que le hacen la vida imposible, si las cosas van a peor. Bárbaro chico, la venganza. Y les oyes hablar y no hablan de consenso ni de armonía ni de entendimiento ni de vida. Todo negro, apocalipsis definitiva, vuelven los malos tiempos y la lucha se justifica. Que se lo digan a los gringos ¿verdad tú?, que no hay como hacerles el paseíllo para que se crezcan y tomen a los amedrentados liberados del yugo del dictador en Mesopotamia, como si fuesen las más peligrosas alimañas, y después de matarles de hambre y dejarles sin descendencia, además, acaban con su dignidad. Y aquí aplaudiendo, vivas y vítores incluidos. Bárbaro, ya te digo.

El trabajo, no sé qué decir. Quitaron a Isabelita tú sabes, y me dieron su parte. Luego se marchó Peña en un concurso de méritos que ganó de calle, y me dieron su parte. Robledo se dio de baja, estrés, por tres meses, y también me dieron su parte. Yo aguanté a base de 4400 pensando que tendría recompensa, pero pasó un año y dije que se acabó el 4x1 y la garantía, que, o me subían el salario y me reconocían el puesto, o nada. Y fue nada. Total que llego cada mañana con la moral arrastrándose tras me mí, busco bajo las toneladas de legajos mi pupitre-quesito modelo americano y, cuando lo quiero encontrar y enciendo el ordenador, ya es la hora de fichar la salida. Para que luego digan que el tiempo no resuelve asuntos. Lo que me llama más la atención es que hasta ahora nadie ha protestado, por lo que elaboro la teoría de que igual que aquí debe ocurrir en la sanidad, y eso tiene peor arreglo porque allí el tiempo juega a la contra.

Me deshice del coche: por fin libre. Casi lo regalé, pero me ahorro gasolina, impuestos, mantenimiento y no me duelen los oídos a la hora de ir de vacaciones y discutir los destinos con la familia. También influyó, claro, el subidón del petróleo. Ante la afirmación de que dentro de entre cinco y quince años habría una crisis energética mundial debido a que los países en vías de desarrollo con altísimo crecimiento, véase China principalmente, demandarían energía provocando una subida del precio a niveles de fractura económica, decidí mentalizarme de forma práctica y no cooperar con el crack. Y se vive la mar de bien.

Bien, bien, la chica bien, levitando. Acabó las carreras, hizo dos master y tres doctorados y trabajó de becaria en una gran multinacional del sector de consultoría, de esas que cada año cambian de nombre para evitar los problemas fiscales. Apenas le pagaban dinero, y trabajaba dieciséis horas al día, pero era inevitable para poder hacer constar en su curri la experiencia desarrollada. Luego la echaron, claro, tenían que renovarla con un contrato en regla y ya no les interesaba. Ahora está enviando curris por ahí a ver si la cogen de becaria en otro lado ¿o es que piensas que las chicas de treinta y cinco años no pueden ser becarias? Lo bueno fue que siguiendo la máxima liberal de que “todo lo que pueda hacerse por empresas privadas en el sector público debe externalizarse” (te fijaste en como domino la jerga empresarial, chaval) llegaron los de la consultora IDEA al departamento, firmaron un contrato de dos millones de euros por aconsejarnos y enseñarnos a hacer bien las cosas. Empezaron por preguntarnos en qué consistía nuestro trabajo. Yo insistí en lo de que uno no puede hacer el trabajo de siete, pero ése no era el problema, así que me hice el tonto. Tú no veas como se reían de mí, pasando a mi lado uniformados de traje Emidio Tucci, sin separarse del ordenador portátil que mi empresa les había comprado como herramienta necesaria para el servicio. El caso es que recogieron en un mamotreto de dos mil páginas lo que estábamos haciendo y, siguiendo las sugerencias de los menos espabilados, dictaron los procedimientos a desarrollar, lo que curiosamente implicaba más contratos. Alguien se dio cuenta de que no se hablaba en el memorando de alquileres, compras, ventas, cesiones, concesiones, obras y demás minucias referidas inmuebles dentro de la empresa que más locales dispone en este país. (Mi falta de colaboración y mi deslealtad jamás serán perdonadas.) Ante esta situación se tuvo que externalizar a su vez, con una consultora filial de la primera, la gestión de inmuebles, procediendo de la misma manera a través de dos chiquitas que intentaban sonsacarme información a base de dejarme ver las puntillitas del sujetador. Al final canté y les dejé entrever que la clave de todo estaba en la base de datos. Todavía la están buscando. Eso sí, en las conclusiones finales, en negrita tipo 22, pone bien claro dentro del mamotreto veintitantos de “optimización de la gestión del conocimiento” que en el departamento hacen falta al menos diez personas más. Lo que yo decía. La chica no tuvo suerte a pesar de que, consultora que venía por la empresa, consultora a la que daba el currículo, para ver si era posible un contrato de becaria en prácticas o de limpiadora en la oficina.

Rosi sí está de dulce, ha aprobado la consolidación y por fin la han hecho fija. Doce años le ha costado, pero el que la sigue la consigue. Lo malo es que ya por mucho que cotice y trabaje no llega para tener una jubilación digna. Y lo del sueldo es de risa (aunque ella diga que es para llorar), o si no ¿cómo te explicas que cobre menos ahora que antes? Por lo menos podemos estar de vacaciones los dos juntos, en casa (no hay dinero para salir, ni coche, te recuerdo) leyendo las obras completas de Cortázar y jugando al parchís como cuando teníamos dieciocho años y esperábamos tumbados en la pinada a que se hiciese de noche para que la oscuridad amparase nuestros suspiros de amor. Ahora, como ya te imaginas, ni eso. Bárbaro chico, tremendo. Me haría bien volver a verte y contarte para olvidarlo todo.

Y ahora dime ¿qué tal tú?¿dónde está Sarita, no la quieres enseñar eh, viejo lobo de mar?¿cuántos años fuera de Cuba sin poder regresar?¿qué fue de Jamito, volviste a saber de él?¿y de la chica Jacinta?¿todavía te niegas a dormir por que piensas que alguien vigila tu sueño?¿sientes que te persiguen?¿no habrás vuelto a pensar en dejar de vivir?

Texto de Markos Hacha (seudónimo de un escritor un poco cabroncete), 2005

4 comentarios:

luisa dijo...

Conozco a este tal Markos Hacha. ¿No ganó un concurso muy prestigioso con este relato? No me extraña, con esa ironía derrochada seguro que dio en el blanco. Justo donde más duele. Muy bueno.
Un beso,y si le ves... dale recuerdos de mi parte.

BACO dijo...

Bexos Luisa.
Si le veo (que le veré) le doy recuerdos de tu parte. Creo que este año le ha ido de dulce. Espero que el año que viene siga la racha.

Ada dijo...

Denuncia en forma de ironía: Disfrazada para dar la punzada justa en el momento preciso. La injusticia siempre está cerca, rozandonos.
Besos.

BACO dijo...

Eso creo yo, que fue un exorcismo, y "Markos" demostró saber utilizar la ironía.
Besos, Ada