. Entonces descubrí su blog:
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Su blog es posiblemente el más divertido, instructivo, surrealista y desconcertante de los blog dedicados al cuento en castellano. Por él pululan personajes como Declarado Demente, internado supuestamente en un sanatorio mental de Suiza (no será por sus razonamientos, de lo más acertados y nada superficiales), o escritores como
Miguel Ángel Zapata (Menudos micros. Surrealismo en estado puro) y algunos otros que se enmascaran tras nombres como
Bioiz o
Valparaiso, además de amigos granadinos como
Valeria y
Cris. Cada entrada en ese blog es una invitación a la reflexión, trasciende el entendimiento para recalar, a veces, en un regenerante surrealismo o en una inflexión polarizada que genera un haz arco iris de luz discordante. Cualquier argumento es válido para iniciar un debate literario de profundidades abisales.
Conocí recientemente a
Jesús Ortega en una de mis frecuentes visitas a Granada. Tuvimos una charla que nunca olvidaré y simpatizamos en muchos de nuestros gustos literarios y en la manera de enfocar nuestros comunes proyectos narrativos. A modo de despedida, intercambiamos escrituras.
El clavo en la pared (Cuadernos del Vigía, 2007), además del nombre de su blog, es el título de su libro de cuentos. Como no podía ser de otra manera, en esos cuentos está presente toda una tradición cuentística, desde
Chéjov hasta
Hemingway (así pone en la contraportada del libro, y así es en realidad). Los relatos que contiene el libro están llenos de pesadillas de la infancia, relaciones familiares o sentimentales no al uso, de magia, de secretos, de guiños al lector cómplice.
Dominan a mi entender tres aspectos en los cuentos de Jesús Ortega: el gusto por la trascendencia psicológica en sus personajes; la búsqueda de cierto surrealismo en la escritura (sin excesos, sin delirios. Así me explico yo lo del blog); y, fundamentalmente, el placer por recuperar ingenios literarios propios del cuento.
Así, en La segunda vez, uno de los cuentos que más me han gustado, podemos encontrar casi todos estos elementos (metaliteratura, secretos, infancia, magia, juegos psicólogos en los personajes). Es, además, una gozada dejarse llevar por una prosa envolvente, aunque te imagines qué es lo que va a ocurrir.
En El clavo en la pared, juega con el lector al tergiversando la psicología de los personajes, haciéndoles parecer lo que no son para descubrirnos la verdad al final; muestra su dominio de la teoría del iceberg y vuelve a recurrir a la familia como escenario de la trama.
En Bésame, otro de los relatos que se quedan marcados en la mente del lector, anuda lo mágico y lo secreto para crear una atmósfera en la que se pierde la realidad de alguien que no sabe andar sin pisar el suelo, que está atrapado en la vida diaria y no contempla ni una mínima rendija a la ficción.
Porque me siento identificado con el personaje y porque el título es ya, por sí solo, un micro, Los dedos del tiempo, será uno de los relatos que recuerde siempre. Yo también soy (he dicho soy, no “he sido”) "biblioclepta".
Una característica común en todos los relatos es que huye del llamado final explosivo. No busca sorprender al lector en la última línea. Se conforma con conmocionarlo, con dejarlo pensativo, al igual que su maestro y amigo, Andrés Neuman, en aquel maravilloso El último minuto.
Son algunos ejemplos del buen hacer de Jesús Ortega.
En el próximo libro, habrá muchos más, no lo duden.