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viernes, 1 de julio de 2011

“Esquina inferior del cuadro”, de Miguel A. Zapata



Inquietantes obras de arte
Por Esteban Gutiérrez Gómez.


Miguel Ángel Zapata es uno de los grandes narradores de nanoficciones, el rey de los veinte centímetros sumergidos en castellano. Los dos libros que preceden a este Esquina inferior del cuadro, Baúl de prodigios y Revelaciones y magias, son dos compilaciones de microrrelatos de una hondura insuperable. No se puede decir nada más con tan pocas palabras ni insinuar mejor lo que se pretende transmitir. En cualquiera de estas propuestas literarias de cuarto de folio el lector habrá sido transportado a un más allá literario, a un mundo casi imposible, en la primera frase de la lectura. Ese poder literario persiste en Esquina inferior del cuadro, pero esta vez son relatos, cuentos en su distancia tradicional, lo que Miguel A. Zapata nos ofrece.


Aunque se hable de cuentos en los que el protagonista principal aparezca desdibujado, esquinado, yo encuentro en estos relatos historias terribles, sucesos enterrados en el pensamiento de los personajes, rescates de un pasado que subsistía bajo su piel y les daba forma. Reencuentros que sirven para reventar forúnculos mentales que latían aletargados. Así ocurre en el primero de los cuentos, “En flor”, que nos trasmite el poder creador y destructivo de la locura. Conversión y venganza se suceden en los relatos siguientes en esos pequeños Apocalipsis que Miguel A. Zapata nos ofrece. Locuras y pecados acontecerán también en las siguientes historias: mujeres que adoptan jabalíes a modo de hijos o coleccionistas de jóvenes, son dos de los ejemplos destacados. Puzzles literarios que mejorarán la salud intelectual del lector, ofrecimientos al Dios de Lo Novedoso, intrigas de voces con propuestas de juego extremo en fondo y forma. Voces que van y vienen, que se muestran solo un poco, lo necesario, para que nosotros completemos el cuadro en la cabeza, técnicas impresionistas blanco sobre negro.


Y estoy de acuerdo con Fernando Valls, director de la colección “Reloj de arena” que publica este Esquina inferior del cuadro en Menoscuarto ediciones, porque los dos relatos finales asegurarán la conmoción al lector, cerrando el círculo perfecto del cuento. Se trata de “Esquina inferior del cuadro”, relato que da título al libro y que el autor nos ha cedido en exclusiva para su difusión en Culturamas y, a modo de epílogo, “Los trabajos del astrónomo”. Dos inquietantes obras de arte.


Publicado en Cultura+

lunes, 6 de junio de 2011

Presentación del nuevo libro de relatos de Miguel Ángel Zapata



Esquina inferior del cuadro,

el nuevo libro de relatos de Miguel A. Zapata

se presentará en viernes 10 de junio

a las 20:00 horas

en la librería Tres rosas amarillas

de Madrid



Además del autor intervendrá

José Ángel Zapatero (director de la editorial Menoscuarto)

y Fernando Valls

miércoles, 6 de octubre de 2010

Presentación en Madrid de "Velas al viento", antología de microrrelatos


Cuadernos del Vigía y Tres rosas amarillas te invitan a la presentación de
"VELAS AL VIENTO".
Los microrrelatos de "La nave de los locos" coordinada por Fernando Valls,
el próximo jueves 7 de octubre, a las 20 h.
Intervendrá Fernando Valls y leerán algunos de los autores antologados.
Te esperamos!

lunes, 31 de mayo de 2010

Un cuento inédito de Miguel Ángel Zapata


Demiurgo

Al respirar yo, se repliega el mundo como una marea y se deja absorber fosas nasales adentro. En esta inspiración de totalidades, puedo sentir a la dueña de los labios que beso atravesar la tiniebla de mi pituitaria y descender por la laringe sin memoria de mi rostro ni mis caricias, siento reabsorberse dentro de mí la cama, el dormitorio que nos contenía, la casa que alquilamos alguna vez, el felpudo de bienvenidos, el barrio entero con sus comercios y sus parques y sus señoras de pelo enlacado y sus repartidores de propaganda y sus monovolúmenes cargados de familias. Como un reflujo amorfo ajeno a los relojes, penetran en mí museos, piscinas municipales, semáforos y cines, los límites difusos de los suburbios de mi ciudad, los prados y sus vacas, los pueblos colindantes, la comarca, el país entero con la mutante red de capilares de sus ríos, sus carreteras, sus canales. Vuelan hacia mis entrañas de madre, magnetizados por la fuerza succionadora de mis pulmones: corbetas en misión de paz, estadios de fútbol, torres de alta tensión, estaciones de esquí, montañas, mesetas, linces, vencejos, franjas climáticas, orgasmos, errores, homicidios, concilios vaticanos, espíritus nacionales, acuerdos mercantiles, emisiones de CO2, continentes, océanos, casquetes polares, fotos con magnesio, huelgas de la siderurgia, revoluciones neolíticas, opas hostiles, los Beatles, monjes benedictinos, Gengis Khan, despotismos ilustrados, disidencias, Rosa Luxemburgo, Parménides, el Yom Kippur, sonrisas taimadas, pulgares apuntando al suelo, columnas palaciegas de Persépolis, ejes de rotación, un diplodocus, Maradona, planetas propios o ajenos, soles menguantes, galaxias desprevenidas, quásares por descubrir, universos paralelos, tangentes, superpuestos, en expansión o recesión, contenidos en otros o en sí mismos.
Cuando el fuelle de mis pulmones advierte el borde afilado y procaz de la nada más allá de todo ahí fuera, contengo la respiración durante unos segundos, intentando paladear plenitudes y cronologías, filosofías y espacios enormes. Incapaz de sentir la totalidad que menudea con fiebre en algún recodo nocturno de mis bronquios tras mi última inspiración, borrado yo por una inconmensurable sensación de vacío sin rostro, vuelvo a vaciar mis pulmones, dejando que mi boca reintegre al exterior lo posible y lo imposible, en una vaharada cálida donde todo se recompone nuevamente en caprichosas combinaciones, en dialécticas inextricables y novedosas.
Tras cada ciclo respiratorio completo, tras esos diez segundos de plenitud y nada simultáneas, me juro a mí mismo que será la última vez, que bastará con contener el muscular trasiego que ordena a mis pulmones ese ejercicio atroz de succión y vómito universal de una existencia que no llego a comprender, a disfrutar, a paladear como un soplo de aire fresco de un hombre cualquiera una mañana cualquiera con las ventanas del dormitorio abiertas de par en par.


Es una muestra del nuevo trabajo que prepara Miguel Ángel Zapata, que estará firmando el domingo 6 de junio en la caseta de Páginas de Espuma (107) la antología "Por favor, sea breve 2", a las 12:00 horas, y ese mismo día firmará también ejemplares de "Baúl de prodigios" y "Revelaciones y Magias" en la caseta de Traspiés (197) a las 13:00 horas, en la Feria del Libro de Madrid.

miércoles, 20 de enero de 2010

Un microrrelato de Miguel Ángel Zapata


Retrato de una paranoia con Paul McCartney dentro

Me mareo, con muuucha facilidad me ma-re-o. Todo me da vueltas, vueltas, vueltas. Sólo notar la aguja clavarse en mí y ya empieza el viaje, uuuhhh, el mundo entero dentro de mi alma, el mundo todito girando y veo entonces veo sin duda veo a la gente que baila y cantan creo que cantan, y los muebles y la televisión y los danzantes apareciendo y desapareciendo a cada vuelta que yo, que el mundo ooopppss se empeña en dar dando. Y la música no se detiene, sabes, ya la oigo sin orejas porque creo que yo no tengo orejas pero la oigo y yo no tengo brazos ni piernas pero me muevo, me mueven, la aguja clavada en mi piel dura y comienzan las ro-ta-cio-nes, y siempre siempre siempre la misma canción en mis oídos que están sin estar, siempre la misma, como incrustada en mi alma y no puedo dejar de repetir una y otra vez la misma frase incompleta imposible inconcebible entiendes pobre McCartney pero muérete puto Paul McCartney entiendes porque me has envenenado los días siempre tu voz dear Paul porque yo sólo hablo por tu boca tan inglesa te digo te digo que siempre repitiéndose la frase liverpooliana que no acaba de acabar cuando la aguja puro diamante esta aguja encuentra en mi surco la misma resistencia de vinilo rayado forever siemprísimo y entonces

Yesterday, all my troubles seemed so f
Yesterday, all my troubles seemed so f
Yesterday, all my troubles seemed so f
Yesterday, all my troubles seemed so f


Relato de Miguel Ángel Zapata que se publicó en el nº1 de la Revista Al otro lado del espejo.

martes, 25 de agosto de 2009

Reseñas sobre El Colibrí blanco

...o , como dice mi hermano David González: autobombo.



El Colibrí Blanco
por Miguel Ángel Zapata


para la Revista Spejismos y para Comentariosdelibros.com

No pocas concepciones nacionales e ideologías patrias se elevan sobre el monolito de una trágica fecha. Y no poca literatura bebe de tales cronologías a la búsqueda de una identidad colectiva que dé su esencia a tal o cual pueblo. El 17 de julio de 1936 comienza el siglo XX para la España aún finisecular, aún agraria, aún imbuida de la tradición que confrontaba un liberalismo ingenuo con el azote de los tradicionalistas, dicotomía que los alzados contra el orden constitucional republicano dinamitaron definitivamente en ese verano trágico del 39. Los intentos recientes de nuestra literatura (pienso en la obra del joven Isaac Rosa o en la espléndida Los girasoles ciegos de Alberto Méndez) han pretendido un revisionismo narrativo que aparcara las visiones maniqueas o sentimentales del conflicto armado y la posguerra maqui o nacionalcatólica.





En esta línea renovadora y profundamente novedosa abría que incluir la segunda obra del escritor madrileño Esteban Gutiérrez, El colibrí blanco, novela breve finalista del prestigioso certamen Felipe Trigo en su edición de 2009. Armada mediante una compleja y sutilísima arquitectura coral, El colibrí blanco revela la extraordinaria capacidad de Gutiérrez para el arriesgado equilibrio entre la elipsis y la revelación. Trabando magistralmente diferentes instancias temporales (la España rural durante el conflicto bélico, el penoso exilio y el goteo de los retornos en los albores de la democracia), el autor traza un escenario de espectros que recuerda a los osarios de Rulfo y Luis Mateo Díez. Sin embargo, y a diferencia de éstos, Esteban Gutiérrez huye de la concepción fantástica para penetrar en un singular sustrato realista (igualmente alejado del costumbrismo al uso) que se recrea en la existencia condenada de los personajes, vivos pero fatalmente zarandeados por el destino, fantasmales en su azaroso caminar.





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Reseña de Raúl Rubio Millares para la Revista digital La biblioteca imaginaria

En su labor como crítico literario, Leopoldo Alas “Clarín”, al analizar los personajes de la novela, distingue entre personajes «tipo» y personajes «carácter». Los primeros representan una idea, no evolucionan ni cambian, y los segundos son los que están en continuo proceso de transformación, no son marionetas, sino que poseen vida propia dentro de la novela. Obviamente, son estos los que le interesa estudiar. Sin duda, Antonio Menéndez Seoane, personaje principal de «El colibrí blanco», habría sido encuadrado por Clarín en esta segunda clase de personajes.



Escribe Miguel Ángel Zapata en la contraportada del libro que Seoane es “quizá, uno de los personajes más arrebatadores y de trazo más escalofriante que he tenido la suerte de poder disfrutar en mucho tiempo”. Y es cierto, porque Seoane rebosa humanidad en cada línea que ocupa en el texto, humanidad en sentido pleno, con toda su complejidad, algo que el lector va descubriendo a medida que la narración avanza.



Porque «El colibrí blanco» cuenta la historia de Seoane, pero a la vez, es una fotografía de un tiempo difícil para muchos, huyendo de maniqueísmos, pues en la vida real de las personas anónimas, no están tan claros los límites entre el blanco y el negro, siendo el gris de la duda el que lo impregna todo. Del heroísmo a la atrocidad sólo hay un paso.





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Reseña de Andrés Ramón Pérez Blanco para el blog EL KEBRANTAVERSOS

En primer lugar agradecer al autor de este libro el que me lo enviase y lo pudiese disfrutar por la cara. MUCHÍSIMAS GRACIAS ESTEBAN(BACOVICIOUS). Este libro fue Finalista del Premio Felipe Trigo de Narración Corta 2008. Y con todo merecimiento. Una historia breve, pero con mucha historia y , muy larga, y muy dura, detrás. Dominio perfecto de la técnica. Capítulos breves, impactantes. Esta historia podía haber sido perfectamente real. ( Estoy seguro que han habido en este país muchos ANTONIOS MENÉNDEZ SEOANE, muchos "CARNICEROS" en apariencia, pero ángeles para sus hermanos, para sus compañeros y vecinos. Es un libro editado en EH NARRATIVA. Es un libro que te atrapa y que no puedes dejar de leer hasta el final.





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Entrevista y reseña de Sandra Rubio para la Revista blog El cuartito de pensar

Este es un fragmento de “El colibrí blanco”, el segundo libro del escritor Esteban Gutiérrez, finalista del premio Felipe Trigo de Narración Corta 2008 y primera apuesta de EH en su recientemente inaugurada colección de narrativa. No habría podido, la editorial, tener mejor acierto. Que el autor ama a las letras y las letras le aman, es un hecho irrebatible.





Si buscáis el placer consumista de etiquetar, y tenéis esa necesidad imperiosa y os digo desde ya, absurda, de clasificarlo todo y meterlo en un bote y mirarlo, lo vais a tener difícil con Esteban. Lo bueno es genuino y no se parece a nada, y “El colibrí blanco” carece de etiquetas, no podemos afirmar que se trate de una novela, ni de un cuento largo, sino que como él mismo confiesa, se trata de una mixtura donde el lector, debe terminar de hornear la masa en su cabeza.





Así, se suceden saltos de tiempo, se inmiscuye como otro personaje más de la historia el género epistolar, encontramos informes policiales y muchas más sorpresas, que conforman un gran rompecabezas ciertamente exquisito.





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Gracias a todos.
La palabra en el oído es lo que alienta el vuelo del colibrí.

jueves, 30 de abril de 2009

Revelaciones y magias, de Miguel Ángel Zapata


Revelaciones y magias
Miguel Ángel Zapata

Ediciones Traspiés, 2009
PÁSAME EL ESCALPELO
por Esteban Gutiérrez Gómez

En el género narrativo breve, a la búsqueda extrema de la concisión y el minimalismo fundamental, el microrrelato se muestra como el más difícil todavía.

No son muchos los autores que se ciñen casi exclusivamente a este arte, explorando todas sus posibilidades creativas. Miguel Ángel Zapata es uno de ellos. En su anterior libro, Baúl de prodigios, nos demostró lo aparentemente fácil que es evadirse y hacer llegar al lector a mundos oníricos en pocas líneas. Aparentemente, claro, porque este arte mínimo, requiere la utilización de una innumerable lista de técnicas de escritura específicas, amén de la elección de tonos narrativos adecuados y puntos de vista únicos en cada una de las propuestas.

Aquel Baúl de prodigios reunía alrededor de 150 microrrelatos, divididos en 5 libros-partes, pero que mostraban un amplio abanico de lo que puede entenderse por microcuento. En todos, como hasta ahora ha sido tradición, Miguel Ángel Zapata (en lo sucesivo, MAZ, Señor de los Micros) utilizaba el título como parte de cada una de esas propuestas narrativas; parte importante, definitiva. Pero eso era antes, porque uno de los elementos que sorprenderán al lector al abrir Revelaciones y magias, es que eso ya no es importante.

Este es un ejemplo de la constante experimentación y evolución que hace MAZ de su prosa. Buscador infatigable de los límites, divide su nuevo libro en dos partes completamente diferentes: Magias y Revelaciones.

Magias contiene su propuesta más novedosa de microrrelatos. Con las dos o tres narraciones primeras, ya tiene al lector asombrado por aquel mundo onírico y surrealista en el que situaciones disparatadas y personajes increíbles, se hacen realidad. Pasan por los ojos del lector, a título de ejemplo: muñecas que envejecen, fantasmas que se encuentran con sus fantasmas, hombres diminutos, ciudades habitadas sólo por médicos, un pequeño trozo de nada en medio del salón.
La imaginación de MAZ para dar la vuelta a la realidad de las cosas, es portentosa, inagotable. Pero eso no sería suficiente si no añadiese a muchas de las breves historias una gota de ironía, un bis de cachondeo, una mueca de sonrisa.
Esa mirada diferente de la realidad, continuadora de aquel Baúl de hace dos años, es el tema común de sus narraciones breves.
Pero todo sería nada si el punto de vista elegido fuese otro u otro fuese el tono narrativo. Todo quedaría olvidado si no colocase la lupa en su ojo izquierdo y con las pinzas (léase técnicas literarias, sapiencia) diese vida al reloj.
Y ya lo anticipaba. Un paso más allá, casi definitivo, desafiante. MAZ no titula ni uno sólo de estos micros. Pierde el referente, renuncia al bombazo de la relectura por el lector (normalmente cuando uno acaba de leer un micro que no ha llegado a explotar en la mente, casi por instinto vuelve a leer el título y, en muchas ocasiones, el título activa la mecha que inmediatamente conduce a la explosión). Pues MAZ no quiere segundas oportunidades. Su apuesta, quizá penúltima (nunca se debe decir nunca jamás), es lúdica y extremada, original y satisfactoria.
Para terminar el análisis de esta primera parte del libro, recomiendo leer y marcar aquellos micros que en la lectura nos hayan producido alguna sensación. No serán todos, claro. Pasados unos días (el libro un tiempo en la nevera) volver a releerlos y volver a marcar los micros que nos digan algo. Verán que sorpresa.
Revelaciones es, en palabras del autor, “una micronovela”. Una micronovela, entiendo yo después de su lectura, es un conjunto de microrrelatos ofrecidos al lector a modo de fichas de un puzzle, para que componga la historia que se cuenta.
¿Y qué se cuenta? Él y Ella. Principalmente Ella, Priscilla, y Él. Dos almas en pena, a la deriva, en una relación de pareja que se hunde. Ese es el tema, pero lo importante, lo sorprendente, la demiurgia de estos textos, es el modo en el que MAZ nos cuenta la trama, la estructura que la soporta.
Ignoro de cuál de los demonios que habitan a MAZ ha surgido esta concepción, pero habrá que tenerle presente en el futuro; porque el futuro, supongo, no acaba aquí.

Por último, no perderse la introducción y el juego con Houdini al inicio de cada parte del libro. Genial ironía la suya.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Bibliofagia, de Miguel Ángel Zapata





Un aperitivo de lo que vendrá.


Este micro pertenece a su libro Baúl de prodigios, editado por Traspiés en 2007.


Su nueva propuesta (al parecer cierra un microciclo) ya ha salido de imprenta.


Que ustedes lo gozen bien.




Bibliofagia
(o breve exaltación de la gula como arte bellísimo y vacuo)

Yo los libros los devoro. Con fruición. Kafka, Perec, Poe, Buzzati, Capote, Lorca, Zapata, Di Benedetto, Wilde, Cervantes, Walser, Beckett, Grass, Schulz, Cortázar, Faulkner, Queneau, Monterroso, Hrabal, Pynchon, Miller, Borges, Gombrowicz, Artaud, Ionesco, Cernuda, Gómez de la Serna...
Procedo así: un mordisquito en el lomo (sobrio Rioja acompañando las pastas duras, para la rústica cola o cerveza), luego la juntura cosida (digestiva, natural, fibra pura) o pegada (empacho dulzón, dispepsia flatulenta, mejor a los postres), y finalmente las hojas, una por una o en racimos negro sobre blanco, desde la dedicatoria hasta el delicioso hartazgo glotón del “Fin”.
Comencé en Alejandría (sólo el incendio detuvo mi voracidad bibliófaga) y no he parado hasta devastar cual Pantagruel las bibliotecas de medio mundo y parte de la otra mitad. Soy un analfabeto cerril y tengo tan poca imaginación que no sería capaz de escribir una sola línea, mucho menos de inventar una historia, propia o ajena. Nada de lo que como me aprovecha, e incluso he desarrollado una tendencia creciente a las digestiones plúmbeas (ni atiborrarme de bicarbonato me sirve de alivio) causadas por la ingesta de las obras, entre otros, de Pearl S. Buck y los poetas beatniks, sin haber leído ni una palabra de ellos.
Sólo me mueven la gula y el impagable gozo de saber que algún día toda la cultura del mundo estará a buen recaudo en mi panza libresca, que intelectuales y lectores famélicos del orbe todo darían su vida por rajar mi vientre de arriba abajo y meterse un último chute de literatura alimenticia mientras yo los observo con sorna, tal vez con lástima, con infinita conmiseración.