La enfermedad del lado izquierdo

La enfermedad del lado izquierdo
El destino no está escrito, ¿o sí? ---------- http://laenfermedaddelladoizquierdo.blogspot.com/

También estoy aquí...

También estoy aquí...
MI BLOG PERSONAL
Mostrando entradas con la etiqueta el laberinto de Noé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el laberinto de Noé. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de febrero de 2010

¡Gracias, muchas gracias!










Bueno, no sé cómo decirlo... mejor dicho, sí sé. Una vez me preguntó un editor, para ver la posibilidad de publicar un libro (de cuentos), que si sería capaz de vender 750 ejemplares. No, dije convencido. Y era verdad, no creía poder llegar a vender tanto, un par de cientos vale, pero esa cantidad me parecía estratosférica. Pues bueno, el caso es que hace unos días me llamó mi editor de El colibrí blanco (EH Ediciones) y me dijo que llevaba 800 ejemplares vendidos y que otros 500 estaban en librerías con la esperanza de no devolución. Lo flipé, como es lógico, porque eso significa que me lee mucha más gente de lo que creía, y que el colibrí sobrevuela muchos lugares amigos.


Así que muchísimas gracias a todos, de corazón, porque muchos de los que os habéis gastado los 10 euros del libro soléis visitar este blog. Espero que haya sido un dinero bien invertido, y que hayáis disfrutado de su lectura. En todo caso, aquí podéis comentar lo que queráis.

Para leer cualquiera de mis libros no os tenéis que gastar un céntimo. Os acercáis a la biblioteca pública más cercana y anotáis el título y el autor en la lista de pedidos de lecturas, en 30-40 días el libro estará en la biblioteca y mucha más gente podrá leerlo. Pero, de todas maneras, y por si tenéis un compromiso y queréis regalar mis libros, os recuerdo que tanto El colibrí blanco como El laberinto de Noé están a vuestra disposición a un clik de ratón, que os lo llevan a casa de modo gratuito (sin cobrar los portes) en 3 o 4 días y que además os hacen un descuento del 5%. Y esto es posible porque un amigo, Javier, a través de sus dos sellos editoriales, Drakul y Likantro especializados en cómic y novela gráfica, dice que se puede hacer.

La verdad, no me gusta esta parte "comercial" de la escritura, pero tengo claro que si quiero seguir publicando, llegando a los lectores de ahora y, espero, de dentro de unos años, tengo que vender ese mínimo para que a la gente que apuesta por ti le sea rentable este asunto (o, al menos, no palmen pasta).


Pincha aquí si quieres un colibrí o aquí si no has leído el laberinto y te apetece tenerlo



¡Gracias, muchas gracias, de corazón!

lunes, 30 de noviembre de 2009

El laberinto de Noé en Conocer al autor




Fue mi primera criatura de papel.
Todavía me hablan de ella, espero que por mucho tiempo. I
Incluso ahora alguién me han dicho que ha entendido mejor esta propuesta (después de leerse el colibrí).
Va por ustedes.

viernes, 18 de septiembre de 2009

UN GALEÓN EN UN MAR ESMERALDA





UN GALEÓN
EN UN MAR ESMERALDA



–Si te quieres matar bebiendo, por lo menos que sea con algo de calidad.
Eso me dijo, y dejó en el carrito de la compra una botella de Cardhu. Ni levanté la mirada. Me limité a admirar aquel vidrio ambarino de contornos redondeados. Contrastaba bien con las otras diez botellas verdes. Un galeón en un mar esmeralda. Magnífico.
Sabía quién era. Lo veía cada tarde, al otro lado del seto de aligustre. Él con su lectura, y yo con mi vaso. Los dos mirando más allá de lo que parecíamos mirar. Colocaba la hamaca bajo la higuera y se introducía en otro mundo. Horas y horas, hasta que el sol dejaba de calentar. Entonces, recogía la hamaca y subía al porche a contemplar el anochecer. En ese momento nuestras miradas se unían. También más allá. La mía, vagabunda y errada, desdibujada y nostálgica, sólo encontraba consuelo con aquel último rayo de luz.
Se precisaba con urgencia cambio para la caja siete. Eso fue lo que me sacó de la ensoñación. Él seguía allí. Mirándome casi con ternura.
–No creo que tu abuelo estuviese muy orgulloso de ti en estos momentos.
Yo tampoco lo creía. Pero me daba lo mismo. Había defraudado a todo el mundo y, sobre todo, me había defraudado a mí mismo. Opté por el camino fácil. No tengo más remedio que reconocerlo. Quitarme de en medio de todo aquel espanto. Una licencia de tres meses en el trabajo. Huir de la ciudad. Refugiarme en la casa de mi infancia. Rodearme de recuerdos atrasados para empezar de nuevo. Otra vida. Volver allí donde había equivocado el camino de mi vida. Buscar otra senda, más afín conmigo mismo. Volver a empezar. Así lo había decidido. Otra vida. Llevaba un mes en el pueblo y no había hecho más que beber. Como si me intentase anestesiar para extirparme la amargura. Dormir mi mundo. Supongo que para tener valor de suturar aquella herida en el alma. Pero era despertarme y buscar qué beber para volver a dormir. Ni siquiera había limpiado la casa. Ni siquiera la habitación en la que caía derrotado cada noche. Ni siquiera me asqueaba el olor a jugos estomacales revertidos, a piel mudada, a basura y derrota. Todo alrededor me daba lo mismo. Un galeón en el mar esmeralda.
–“Será su propio Dios”. Así acababa Noé sus muchos monólogos sobre su nieto.
Intentaba recordar. Sí, algo activaba esa frase en mi cerebro. Algo poderoso. Sí, ya me acordaba. Aquellos desayunos en la garita de madera, junto a los rieles del tren y el cambio de vía. Todavía no había amanecido. Yo salía de la casa y llevaba la tartera con la tortilla de patata recién cocinada. ¡Qué buenas las tortillas de la abuela! Tenía su secreto. Separaba las claras de las yemas. Las batía un poco y, casi al final, las incorporaba a la sartén. Parece que la estoy viendo, siempre con su sonrisa amable. Todavía no había amanecido y yo salía de la casa. Cruzaba el campo, los hierbajos y las pajas que me llegaban al pecho, por la senda que cada día trazaba el abuelo. El camino diario. ¿Quién puede decir que, allí dónde nada existía, en medio del campo, una hilera de tierra como una cicatriz ha nacido de sus pies? Sólo las personas con decisión trazan nuevos caminos. Sólo ellas ven lo que nadie más ve. Sí, sólo existía esa vereda, esa minúscula senda junto a la tapia. Lo demás era selva. Iba con miedo. Sí, los ruidos del campo en la noche. Los grillos con su eterno frotar de los élitros. Con su repentina mudez al acercarme. Era como si el mar de ruidos se abriese a mi paso. Cesaban los trinos de los pájaros madrugadores, las pisadas indefinibles de los gatos o de los animales escondidos en la maleza, el roer de las ratas. Primero algo de miedo. Después no. Después me sentía enorme. Me iba agrandando al llegar al otro lado del campo. Entonces ya divisaba el perfil oscuro del resto de casas. Estaba a punto de lograrlo. La travesía. De un continente a otro. Y la tartera caliente en mis manos. El olor a comida deliciosa. A veces, incluso me atrevía a correr por aquella estrecha senda. A veces, incluso a cerrar los ojos caminando. Alguna vez gritando, cuando ya estaba a punto de salir del campo, ¡lo conseguí!
Luego se lo contaba al abuelo. Mientras comíamos de la tartera metálica y veíamos amanecer sobre aquel campo que parecía mucho más pequeño con la luz. Más pacífico. Menos acechante. Un mar dorado en calma. Le decía que parecía que las hierbas se apartaban a mi paso, que los animales callaban y que una extraña sensación de seguridad me inundaba. Entonces me lo decía. “Hijo, tú serás tu propio Dios”.
–Sí, eso decía…–Mantenimiento, pase por el almacén. Sección de electrodomésticos, le están esperando. Hoy aproveche nuestras ofertas del día–. Como puede usted ver, estaba equivocado.
Ni siquiera pensé lo que dije. Un segundo después, sí. Confesé que era un pelele, un fracasado. Ya lo había aceptado. Eso habían significado mis palabras. “Asumo que no valgo para nada”. A continuación podía ponerme a llorar. O podía abrir una botella y beber allí mismo. O podía volver a perder la mirada en otras realidades. O podía mirarle a los ojos y entregarle parte de mi lástima por mí mismo. Su voz me sacó de la espiral.
–Estás confundido. Es lógico. Ya deberías saber que en este mundo no hay ganadores. Ni uno sólo. –Su poderosa voz de locutor, de dios terrenal–. Ni siquiera todos esos que ahora aparecen en la televisión con sonrisa de perlas y cara de triunfo. Ni los diez primeros en la lista de milmillonarios. Te puedo asegurar que las cosas son así y, lo que es peor, que este mundo no tiene remedio. Ya lo dijo Cervantes con todo su Quijote hace cuatrocientos años. Así opinábamos también tu abuelo y yo.
Sí, era verdad. El viejo Noé no se cansaba de decirlo. Ya era sabio cuando yo era niño. Me miraba con sus ojos azules dentro del alma, y buscaba el momento oportuno para poner la larva. El Quijote, sí, su evangelio. Lo abría y leía con su voz de maestro un párrafo que había seleccionado. Lo volvía a leer, con exactamente la misma entonación, para que lo comprendiese. Luego me preguntaba ¿qué te parece? Nada. No me entero de nada, me daban ganas de decir, como en las clases de matemáticas de la escuela. Pero el abuelo se merecía ir más allá. Otro esfuerzo. Le pedía el libro, forrado con papel de periódico, manoseado, incluso con restos de grasa de las palancas del cambio de vía. Leía despacio. Intentaba comprenderlo. Y respondía con sinceridad. Es necesario conocer la verdad para diferenciarla de la mentira, eso decía. Un hilo del que tirar. Respondía sin miedo, porque aquello no era un examen. Era otra cosa, una especie de juego. Yo entonces no lo sabía, claro. “Pues yo diría que quiere decir que el mundo no va bien”.
Por primera vez le miré a la cara. Sus ojos rezumaban agua. Como si toda aquella luz artificial del hipermercado le hiciese daño en el iris. Tenía un pañuelo de tela en la mano que se aplicaba bajo los párpados, dejando que se empapase. Primero un ojo, luego el otro. Dejé de apoyar los brazos sobre el mango del carrito y me incorporé. Fue como subir a un segundo piso.
–Hace años que deseaba conocerte –me tendió su mano, huesuda y oscura, moteada de manchas–. Me llamo Julián.
Mientras aceptaba su apretón, tibio y firme, intentaba recordar si yo debía conocerlo a él. No era demasiado mayor, no tanto como Noé. Parecía conocerme muy bien, como si supiese mis secretos. Eso leía en su mirada. No, no recordaba a alguien así en aquella casa de piedra. No recordaba ni siquiera aquella casa de piedra al otro lado del aligustre. ¿Y qué había allí? ¿Qué había en su lugar? Nada. Allí no había nada. Bueno, algo sí había. Había un pozo artesiano, con su brocal de pedernal y su polea oxidada. ¿Y qué más? Había montones de tierra colmados por todo tipo de hierbas. Y había árboles frutales, y gatos que ronroneaban por la noche, y conejos de rabo blanco. Eso había al otro lado de la casa del abuelo Noé o, al menos, eso era lo que yo recordaba. Y es que hacía tanto tiempo que no volvía por allí. Me parecía mentira, con todos aquellos años de felicidad vinculados a aquella tierra. ¿Y por qué dejé de ir? La vida. Los estudios en la ciudad, la muerte, la huída, Canadá, juventud, chicas, Ella, trabajos, Laura. Veinte años y todo aquello enterrado. Hasta que te llaman y te dicen que el abuelo ha dejado de existir y tú lloras porque le considerabas el mejor ser del planeta. ¿Y qué te importaba en realidad? ¿Por qué no acudiste a él? ¿Por qué no te preocupaste cuando ya era mayor y necesitaba tu ayuda? La vida. El río de cada uno. Sin raíces, para el hombre es difícil ser un salmón.
Julián seguía derramando lágrimas sin llorar. La mano derecha en el bolsillo y la izquierda con el pañuelo de absorber océanos. Parecía buena gente. La chaqueta de pana, desgastada y brillante, color trigo tostado, que no debía de quitarse. Una flor en el ojal. A las doce, degustación de galletas en el quiosco del pasillo central.
–Me estaba preguntando… ¿hace mucho que conoció usted a mi abuelo?
Aquel ser de ojos de mar y voz de barítono, me sonrió por primera vez.
–Mucho. Pero mucho menos de lo que me hubiese gustado.
Creo que los dos queríamos hablar de lo mismo. A él también le había fascinado la figura de Noé. No lo sabía, pero lo presentía. También se había convertido en adora- dor. El abuelo, ferroviario de profesión y filósofo de la vida vocacional, tenía sus adeptos. Cargué las botellas en el automóvil y acepté un café en aquel porche de piedra, al otro lado del seto de aligustre, a veinte kilómetros, subiendo el valle hasta el pie de las montañas.




Fragmento de El laberinto de Noé (Ed. La Tierra Hoy, 2008)

jueves, 19 de febrero de 2009

Reseña y entrevista en La Bilioteca Imaginaria sobre El Laberinto de Noé

Reseña y entrevista publicadas en La Biblioteca Imaginaria por Cristina Monteoliva.
Gracias y gracias.

ENTREVISTA
Hoy, en La Biblioteca Imaginaria, tenemos el gusto de ofreceros la entrevista que hace unos días nos concedió, via email, Esteban Gutiérrez Gómez, un autor que no sólo ama el relato en todas sus vertientes, sino que, además, lucha de forma muy activa por conseguir darle su sitio a este género en nuestro país.
Tras esta entrevista, encontraréis la reseña de El laberinto de Noé, una obra que no puede dejar indiferente a ninguno de los que se deciden a leerla.
No os entretengo más. Aquí os dejo con las palabras de Esteban:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
A los diecisiete años escribí mi primera novela Estrella del rock”. La guardo en un cajón porque, como es lógico, supura ingenuidad.

¿Podrías imaginarte tu vida sin la literatura?
No. Soy de esos locos para los que la vida no se entiende sin un buen libro entre las manos. Me gusta introducirme en las realidades paralelas que la literatura muestra.

¿Cómo surgió la idea de escribir El laberinto de Noé?
La chispa creadora surgió de una charla con Andrés Trapiello a propósito de su novela “Al morir Don Quijote”. Trapiello hablaba de un Cervantes que era un auténtico perdedor en el sentido de que no había logrado alcanzar nada de lo que se había propuesto. Sin embargo, cada vez que fracasaba se levantaba y trataba de alcanzar otro objetivo. Cervantes como perdedor. Pero qué maravilloso perdedor. De ahí surgió la filosofía que impregna el libro. Sólo pierde el que arriesga, el que juega, el que hace algo por cambiar su realidad. Hay mucha gente que no es conciente de eso.

¿Has conocido alguna vez a alguien que infunda poder de determinación en otros? Sí, suelen ser personas algo extrañas, visionarios, locos. Veo que has captado uno de los principales argumentos del Laberinto: la voluntad de ser lo que se quiera ser. Esa fuerza de querer está dentro de nosotros, puede que sea necesario que alguien nos ilumine, que nos la haga ver, pero la realidad es que con fuerza de voluntad, se puede llegar a donde se quiera, aunque la meta esté lejana y otros la consideren un ideal inalcanzable.

¿Con quién haces tus duelos literarios?
Los duelos son parte de un taller de creación literaria. Uno de mis métodos de trabajo consiente en proponer un tema para un ejercicio-relato. El viernes siguiente los alumnos deben traer el ejercicio-relato escrito, con copias para el resto de la clase. Se dan una semana para que cada uno lea los ejercicios-relatos de los demás, y los corrijan o den su visión sobre él. Para ello es necesario obrar de buena fe y entender que la escritura deja de ser nuestra una vez que es del lector.
El pequeño taller que encierra el Laberinto debe entenderse no como una muestra de erudición sino como una forma de que aquellos lectores no acostumbrados al cuento extraigan lo mejor de él.

¿Utilizas la escritura como terapia?
Sí, sí, sí. La escritura es para mí un exorcismo. Escribiendo me siento mejor. El Laberinto fue escrito en uno de esos momentos malos que todos pasamos y me ayudó a salir de él. Algunos lectores me han hecho ver que ese componente “sanador” también les ha llegado en la lectura, que les ha hecho bien en algún momento abismal. Me alegro de haber podido trasmitir esa sensación, ese ensalzamiento de la propia alma.

¿Te sientes identificado con tus personajes?
Mis personajes gozan de vida autónoma, diferente de la mía. Es indudable que suelen tener algo mío, pero no soy yo. Me gusta crearlos, hacerles actuar, meterlos en problemas. A ver qué pasa.

¿Mundo real o mundo paralelo? ¿Con cuál te quedas?
Busco siempre la fantasía. El mundo real no me atrae. En otra entrevista dije algo así como que “si no te gusta la realidad tal como es, píntala de otra manera”. Eso es lo que busco con la literatura que leo, y eso busco con mi escritura. Soy conciente de la tierra que piso, incluso, a veces, me agrada, pero sé que hay muchos mundos detrás que merecen la pena ser descubiertos.
Acabo de releer un cuento de Cheever que alguien recomendaba con frenesí. Se trata de “El nadador”, un cuento genial, en la que el maestro del cuento moderno de antepenúltima generación, etiquetado de realista (incluso para algunos, hiperrealista) utiliza la fantasía tan alejada de su habitual plasmación fotográfica de la sociedad. Y, tengo que decirlo, esto no es del todo verdad, porque también en ese relato hay una mordaz crítica de la sociedad de su época. Quiero decir que la fantasía siempre estará ahí, para hacer ver la realidad, porque una y otra son complementos indisociables, son el ying y el yang, opuestos pero complementarios.

¿Has conocido a muchos “maestros” como el de las últimas páginas de El laberinto de Noé?
Sólo a uno: mi propio abuelo, que me enseñó a mirar la vida desde otras perspectivas, a ver el mundo de manera diferente, que me insufló poder. Pero, lo que son las cosas, mi abuelo apenas leía alguna revista de ferroviarios y tenía una bellísima letra, pero no escribía más que un par de cartas al año.
Por eso le hice cortaziano, porque es otro “maestro” en lo literario. Uno de los mayores retos que me planteaba el libro era mostrar a dos personajes que, a la vez, eran lectores y escritores, y que intercambiaban sus textos para opinar sobre ellos. Cada uno tenía que tener su propia voz narrativa, diferente, pero debía mostrar como poco a poco, viernes tras viernes, sus voces se iban acercando, hasta llegar a los cuentos finales, en los que casi se confunde. Esa dualidad de tono hubiese sido imposible si no hubiese leído a Cortázar.

¿Crees que nuestro mundo tiene remedio?
Sinceramente pienso que no. Soy asocial por naturaleza y no confío en una sociedad que adora el dinero, que admira a los desaprensivos que venden sus intimidades, que ni se inmuta ante la muerte de miles de niños al día por inanición y que no ejerce la menor crítica al poder político que la gobierna aún sabiendo que está podrido.
Yo me limito a mi mundo, al que está cercano a mí. Ese sí que trato de que comulgue con mi espíritu.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en El laberinto de Noé?
Espero que entren en él, que superen los primeros obstáculos que ofrece una estructura esbozada y novedosa que puede conducirles al desánimo, que, una vez superado ese obstáculo de lo diferente, disfruten de los cuentos, que aprecien su evolución, que se corresponde con la evolución creadora de los personajes, y que acaben impregnados por el mensaje optimista que ofrece la novela que hila los relatos.

¿Qué proyectos tienes para el 2009?
Espero publicar (el contrato ya está firmando pero ya se sabe como están las cosas ahora) para el segundo trimestre una novela corta que ha sido finalista del Premio Felipe Trigo 2008. Y ya anda a la búsqueda de editor una trilogía de libros de cuentos cuyo tema catalizador es el mundo de la pareja.
Gracias, Cris.

Muchas gracias a ti, Esteban, por tus interesantes respuestas, por dedicarnos tu tiempo y por donar las fotos personales que ilustran esta entrevista..
A vosotros que leéis esto, como siempre, muchas gracias por estar ahí. Nos vemos la próxima semana con otra nueva conversación en diferido.


RESEÑA

Título: El laberinto de Noé
Autor: Esteban Gutiérrez Gómez
Editorial: La Tierra hoy
Págs: 292
Precio: 15 €

Admitámoslo: vivimos en un mundo cruel, despiadado, donde unos pocos imponen sus normas y etiquetan sin compasión a los demás. El resto, débiles como somos, solemos caer en sus redes, creemos todo lo que nos quieren hacer pensar. Y si nos dicen que nunca podremos llegar a ser esto o lo otro, nos rendimos, sin más. Esto no debería ser así. Cada cual debería encontrar su camino, por mucho que tarde en ello. Y para aprender la manera de hacerlo, nada mejor que adentrarnos en El laberinto de Noé, la obra de Esteban Gutiérrez Gómez de la que hoy hablaremos.
Martín, un hombre que se siente acabado y que sólo piensa en ahogar sus penas en el alcohol, vuelve, después de muchos años de ausencia, a la casa de unos abuelos que ya no existen. Martín echa de menos especialmente a su abuelo, Noé, un sabio amante de las letras, y se lamenta de no haber aprendido más antes de su muerte, de no haber vuelto cuando aún estaba vivo. Quizá con la ayuda de Julián, el anciano vecino y amigo del difunto Noé, pueda Martín comprender mejor a su abuelo y encontrar la luz al final de su negro túnel.
El protagonista y narrador de esta historia es Martín, ese hombre que se siente totalmente perdido en un mundo que ya no entiende. Él nos cuenta sus recuerdos, lo mucho que echa de menos a los seres que ya no están, especialmente al abuelo Noé, el mismo anciano culto que hizo de su casa una inmensa y caótica biblioteca. Así mismo, Martín nos hace partícipe del despertar de sus pasiones aletargadas, es decir, de su evolución como lector y, sobretodo, como escritor de cuentos.
Julián es el viejo compañero de viaje de Martín en este camino iniciático que nuestro protagonista emprende casi sin darse cuenta. Él compartirá con el nieto de su buen amigo Noé no sólo su gran amor por la gran literatura, sino también la enorme riqueza que encuentran aquellos que deciden poner en común sus propios escritos.
¿Y quién es Noé? ¿Sería tan sabio como su nieto se imagina o como Julián lo describe? ¿Por qué decidió llenar su casa de libros? ¿Acaso me corresponde a mí desvelar los secretos del fantasma que pasea, siempre sigiloso, por las páginas e este libro? Creo que mejor será dejar sus misterios dentro de este volumen, para que vosotros mismos os decidáis a descubrirlos.
Sin lugar a dudas, El laberinto de Noé es una de esas obras rebeldes, difíciles de clasificar, pues si bien comienza y acaba con la forma de una novela, en la que vemos como evoluciona el protagonista, Martín, durante su estancia en la casa del abuelo Noé, gran parte de estas páginas pertenecen al mundo de la narración breve, al cuento. Podría decirse que ésta es una novela hilada con relatos. Pero yo iría más allá: yo diría que se trata de una novela subordinada al relato, pues si bien los maravillosos cuentos que Esteban Gutiérrez nos presenta (estas piezas con las que soñar, pensar y deleitarnos, por las que se pasean personajes siempre tan intensos como apasionantes son las historias que nos narran), podrían vivir de forma independiente, es decir, recopilados en un libro exclusivamente para ellos; sin embargo, la estructura de la parte novelada no se sostendría precisamente sin estos cuentos.
El laberinto de Noé no es una novela cualquiera, ni un compendio de relatos al azar. Los que ya hemos tenido el placer de leerla, nos hemos encontrado ante una obra de gran valor para los amantes del relato, tanto para los que disfrutan sólo de su lectura como para todos los que se atreven (o atrevemos) con su escritura, así como un documento lleno sabiduría, de mensajes a los que prestar atención, temas sobre los que reflexionar y, sobretodo, mucha esperanza. Acabar la última página con una sonrisa en los labios resultará imposible.
A veces nos sentimos perdidos, como atrapados en un laberinto. No encontramos la salida, nos desesperamos, perdemos la esperanza porque a alguien se le ocurrió decirnos un día que los fracasados nunca levantan cabeza. No oigamos esas voces. Adentrémonos, en cambio, en la buena literatura que nos infunde ánimo. Entremos en El laberinto de Noé y disfrutemos del camino hasta la luz.

Cristina Monteoliva

lunes, 9 de febrero de 2009

LA BIBLIOTECA IMAGINARIA

Esta semana destacamos en La biblioteca imaginaria la reseña sobre los cuentos de Sergio Pitol y... la reseña sobre El Laberinto de Noé y la entrevista que me hizo hace unos días Cristina Monteoliva.



No tengo palabras.


La reseña de Cris Monteoliva es, sinceramente, una de las más profundas que hasta ahora se han hecho de El Laberinto de Noé. Cris ha sabido ver todas las lecturas que se esconden dentro de él, ha encontrado los resortes secretos y ha logrado salir de EL Laberinto con una banasta de pensamientos que, creo, siempre recordará.


Y, de la entrevista, opinen ustedes.





LA BIBLIOTECA IMAGINARIA
Novedades a fecha 9/2/2009

- CONVERSACIÓN EN DIFERIDO CON Esteban Gutiérrez.
- El laberinto de Noé, de Esteban Gutiérrez, reseña escrita por Cristina Monteoliva.
- Tara, de Elena Medel, reseña escrita por Rubén García Cebollero.
- Los mejores cuentos, de Sergio Pitol, reseña escrita por Raúl Rubio Millares.
- El lobo, de Joseph Smith, reseña escrita por Cristina Monteoliva.
- Una nueva entrega de NOTICIAS / PROMOCIÓNATE.
- Nuevos enlaces.

No me resito a mostrarles el principio de la reseña:

Admitámoslo: vivimos en un mundo cruel, despiadado, donde unos pocos imponen sus
normas y etiquetan sin compasión a los demás. El resto, débiles como somos, solemos
caer en sus redes, creemos todo lo que nos quieren hacer pensar. Y si nos dicen que
nunca podremos llegar a ser esto o lo otro, nos rendimos, sin más. Esto no debería ser
así. Cada cual debería encontrar su camino, por mucho que tarde en ello. Y para
aprender la manera de hacerlo, nada mejor que adentrarnos en El laberinto de Noé, la
obra de Esteban Gutiérrez Gómez de la que hoy hablaremos...


Seguir leyendo aquí

Muchísimas gracias, Cris.

sábado, 3 de enero de 2009

No hay excusas


NO hay excusas si quieres un ejemplar de El Laberino de Noé. Te lo llevan gratis a casa (sin ningún tipo de gasto de envío) y, además, te hacen un 5% de descuento sobre el PVP. Haces el pedido y en dos/tres días, El Laberinto estará en tu casa.

Una gentileza de mi amigo Javier, de Drakul. Pincha sobre el enlace y tendrás más información.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El espíritu del Buko

La literatura comienza a satisfacer en la lectura. Leemos porque nos gusta leer. Tendemos a leer lo que nos place, lo que sintoniza con algún mecanismo interno que se halla en nuestra alma. Si no nos place, solemos dejar el libro al que se le otorgó una oportunidad, para mejor ocasión. Ya sé, ya sé que hay excepciones, Aznar sin ir más lejos, pero peor para él.


Cuando damos un paso adelante y nos ponemos frente al folio, el cuaderno o la pantalla del ordenador con la intención de pasar al otro lado, se obtiene una nueva satisfacción. Habremos escrito mal o bien, gustará o no gustará, pero hemos escrito algo que leer. Hemos creado, plasmado aquellas historias que invadían nuestra mente, con personajes a los que sacamos del anonimato y les damos vida. Nos gusta meterlos en problemas. No para que se fastidien, no; sino para dejar de estar fastidiados nosotros mismos. Las historias pueden ser de dos tipos: increíbles o increíbles. Luego, después del hechizo que sucede a la lectura, nos damos cuenta de que todas las buenas historias son iguales: increíbles.


Para mí, lector compulsivo y escritor por necesidad mental, la tercera satisfacción se produjo el viernes 21 de noviembre en el Bukowski Club, porque los amigos lectores (en palabras que suscribo de Lorenzo Silva, “un lector es un amigo”) estuvieron dispuestos a subir a un escenario y leer aquello que más les ha gustado de ese libro, mi libro, que reposaba muerto sobre el atril que las piernas de Jennifer sustentan, con la esperanza de revivir en cada uno de los actos, con el deseo interno de que unos ojos se fijen en él y él, recobre la vida. Otra vida, diferente en cada uno de los lectores, pero vida al fin y al cabo. Vida.
Escuchar esas historias que salieron de mi cabeza (o de mis entrañas) con otra voz diferente a cuando me escucho leer mentalmente, con entonaciones que hasta entonces no creía posibles, con la emotividad con la que se leyeron el viernes, me produjo una satisfacción mayor que las dos primeras. La pulsión ejercida por cada uno de los amigos que subieron al pequeño estrado del Buko, me hizo sentirme inmensamente feliz.


Gracias a todos: a los que estuvieron allí, a los que dieron publicidad a la fiesta, a los que no estuvieron pero me mostraron su apoyo.
A todos.
A él, a ese espíritu que genera tan buenas vibraciones en el Bukowski Club, tambien.














Por problemas con este blog, las fotos están colgadas en Bacovicious.

La noche de aquel día:
Una crónica de José Angel Barrueco: http://www.laopiniondezamora.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008112600_12_317227__Opinion-vuelta-Buko

Otra crónica de MAMartín:
http://cuco.getafe.es/?p=373

viernes, 21 de noviembre de 2008

El laberinto en el Bukowski

Lista de lecturas de
El laberinto de Noé
en el Bukowski club
VIERNES 21 DE NOVIEMBRE

(Pedazo cartel del señor GSÚS BONILLA)
· Introducción (Libro de Manuel, Cortázar), por Carlos Salem
· Café arábigo (fragmento Pag. 28 “intentaba recordar, si, algo activaba esa frase en mi cerebro”), por Pedro Basurto
· Pinball, por Luisa Fernández
· Roxy, por Antonio Sáez (Foro)
· La Sirena, por María Jesús Silva
· La voz, por Ceferino Otálora
· Por primera vez, por Gsús Bonilla
· VARIOS (lecturas espontáneas, atrevidas, sinceras, lo suficientemente birradas para no desentonar): Raúl, Inés, Salvador, Javier Das, y demás buena gente.
· Galaxia (fragmento pag 136-7), por José Ángel Barrueco (Jab)
· Galaxia (fragmento), por Miguel Ángel Martín
· Noé (fragmentos), por Diego Ruiz
· El Maestro(fragmento), por Esteban Gutiérrez





















¡AFORO ILIMITADO!


martes, 4 de noviembre de 2008

En la caseta de Drakul, Semana NEGRA de GETAFE

Firmas en GETAFE NEGRO.
Gracias a javier, de Drakul.





miércoles, 29 de octubre de 2008

CREATURA Nº 33


Esta es la sorpresa que me esperaba en el buzón al regreso del Monte Perdido en el valle de Ordesa.
Aquí dentro está la entrevista y el relato Pinball, que en principio iba a dar título al libro, que acabó llamándose (y no me arrepiento en absoluto) El laberinto de Noé.
Al abrirlo he recordado la noche del viernes, ese Buko a tope de amigos a los que ahora ponía cara (enorme el artículo de Jab para la el diario La opinión de Zamora) y de muy, muy buen rollo.
Somos algo así como una familia. Nos une la literatura y las ganas de luchar contra la políticamente correcto, contra las mafias del libro establecidas. Nos une la poesía que habla de aquí y ahora, de nosotros, la palabra que no tiene pelos en la lengua
Gracias, Kebran.

viernes, 17 de octubre de 2008

Comienza Getafe Negro

'Getafe Negro. Festival de Novela Policiaca de Madrid' se celebrará del 22 al 26 de octubre. Está promovido y dirigido por el Ayuntamiento de Getafe (Madrid).
Web: http://www.getafenegro.com/

El jueves 23 de 19:00 a 21:00 horas y el viernes 24 de 18:00 a 20:00 estaré firmando ejemplares de El Laberinto de Noé en la caseta de Drakul (Calle Madrid).
Por si os apetece dar una vuelta y charlar un rato.

viernes, 10 de octubre de 2008

El Kebran me entrevista para CREATURA


Mi amigo Kebran me entrevistó hace algún tiempo después de leer El Laberinto de Noé.

En el CREATURA de octubre saldrá publicada esa entrevista, pero ya se puede leer en el CREATURA FANZINE DIGITAL.

Gracias, Kebran, ha quedado muy guapa.
Esteban Gutiérrez Gómez es el autor de uno de los libros (en prosa) más interesantes que he leído en años:”EL LABERINTO DE NOÉ”Sin desmerecer a cualquier otro libro que haya devorado, este "LABERINTO" se queda vivo dentro de ti. Tiene algo especial que te va tocando desde el momento que lo empiezas. Y no te deja tranquilo hasta que lo acabas. Es un libro vivo, un libro que engancha. Es LITERAVIDA (permítaseme el palabro) Es pasión por la lectura, es un libro hecho de muchos otros libros, es un duelo continuo. Es pura vida, puta vida misma. Es un pedazo de libro, un libro excepcional, un libro imprescindible para quién ame leer por encima de todas las cosas.Recomiendo vivamente su lectura (nada compleja para neófitos) y todo lo necesariamente buena para lectores avezados. No desvelaré tramas ni finales, tan sólo ensalzar el AMOR por la lectura de su autor y como nos logra inocular ese veneno a los que hemos leído esta maravilla.
Este cuentista, como a él le gusta denominarse ha accedido amablemente a someterse a mi cuestionario sobre su magna y primogénita “criatura literaria”
KEBRAN: Esteban, cuéntanos que pretendes enseñar al lector con este tu primer libro publicado.
Sigue leyendo aquí

viernes, 12 de septiembre de 2008

RIDE ON (2)

En correspondencia con el post anterior, ahora el cuento que inspiró esa canción de AC/DC.

Ride on

Vanesa plegó sus párpados de mariposa y los hizo aletear.
–¿Qué me has dicho?¿Qué es lo que acabas de decir?
Frunció los labios morados, a juego con su pelo, y me miró a los ojos como queriéndome sacar las tripas por ellos.
–¡No me lo puedo creer!
Sonaba en la radio de aquel vetusto Peugeot 205 lo nuevo de Tool. Por un instante, mi pensamiento voló tras las luces de un escenario gigantesco en el que cuatro sombras se proyectaban desde el pasado.
–Es fácil de entender –dije–. Lo que pasa es que tú no quieres entenderlo.
Bajo el terraplén, una serpiente de hormigas rojas recorría la carretera nacional a toda velocidad. Más abajo, la alfombra luminosa de dorados titilantes, cuidaba las calles de la ciudad dormida. Un coche arrancó a nuestro lado. Pensé que habían ido a lo que habían ido. Después, no se quedaban hablando como nosotros. Aún así, hacía tiempo que no veíamos amanecer, que no amanecíamos fundidos en el asiento de atrás, desnudos, tan sólo cubiertos con la suave manta de lana.
Vanesa callaba, como si rumiase en su interior algo vengativo, pero sabía, porque me conocía, que no había nada que hacer. Sí, la decisión estaba tomada.
–Vente conmigo.
Fue aquella tarde a finales del pasado invierno. Aquella tarde empecé a pensar en ello. Miraba el reloj y parecía no moverse. Sólo esperaba que llegasen las seis para salir corriendo hasta el garaje de Yon. Quedaban unos minutos nada más cuando llegó el camión. Había que descargarlo. “Son productos frescos. Para la cámara”, dijo el encargado. Maldije por lo bajo. Traería unas treinta jaulas. Tardaríamos veinte minutos por lo menos en bajarlas del camión y llevarlas a las cámaras frigoríficas, al otro extremo del muelle. Una llamada perdida me reclamaba. Tiré de la primera jaula con toda la fuerza que fui capaz. Se me vino encima. Alguien intentó sujetarla por detrás justo cuando salía del camión y entraba en el muelle. Se desvió. Chocó con la puerta. El sonido del hueso al quebrarse me heló la sangre. Luego se mezclaron el dolor y el pavor al ver la mano colgando de los tendones.
Tardé meses en volver a acariciar el mástil de la guitarra. Tardé más tiempo en poder hacer fuerza con las yemas de los dedos para presionar las cuerdas. Y más tiempo aún en volver a cantar con el alma. Durante los días siguientes al accidente, algo parecido al vacío me atenazaba la garganta y me impedía hablar. Luego me daba miedo incluso seguir en un susurro mi propia voz grabada en un cedé.
–¿De verdad crees en esa fantasía? ¿Crees de verdad en ello? Eres un niño, Fran, un bebé. ¿De qué vas a vivir? ¿Dónde? ¿Crees que eres superior a los demás? ¿Crees que tú sí llegarás y los demás no? ¿Quién son esos que dicen que te han escuchado y quieren tu voz? No los conoce ni Dios.
Vomitó más cosas, pero no quise escucharlas. Prefería pensar en la primera vez que la vi, con su escúter amarilla entre las piernas y esa sonrisa perlada que la hacía ser la diosa de las chicas de Ponferrada. Prefería acordarme de la primera vez que la olí, como un lobo y en un descuido, a la salida del instituto. Aromas de jazmín y madera de bosque. Busqué aquel perfume en todas las tiendas y, al final, di con él. Era caro, pero compré un frasco. Lo atomizaba cada noche sobre mi almohada, poco antes de acostarme. Las veces que lo habíamos hecho sin ella saberlo antes de acostarnos juntos de verdad. Y el primer día que quedamos, cuando la recogí en la puerta de la tienda y su padre me miraba como diciéndome “¿a ver qué vas a hacer, pitón, que te corto los huevos?”, y ella con la minifalda vaquera y el gato fiero de Los Suaves en la camiseta. Y nada más. Le regalé el perfume. Se sorprendió de que supiese cuál era su preferido. Fue ella la primera en buscar mi boca. En colocarme la mano entre sus piernas. Me susurró con lujuria que estaba loca por mí.
–Ya te lo dije. Tengo un sueño. Estoy decidido a intentarlo. En ese sueño también estás tú. Sobre todo estás tú, pero, si espero más tiempo, nunca sabré si lo hubiese conseguido, y no podría vivir sin saberlo, sin haberlo intentado. Compréndeme.
También a mí me dolía todo aquello. Debajo de aquella manta en la que aparecía dibujado un rebaño de cebras, había algo muy importante para mí, el calor de un hogar. Ya se lo había dicho muchas veces, que la necesitaba a mi lado, que no podía vivir sin ella, que en su cuerpo estaba mi refugio. Pero no entendía mi necesidad, nunca creyó que fuese capaz de hacerlo. Yo lo quería todo, decía ella, y me obligaba a decidir. Hasta ahora ella siempre había ganado la apuesta, y me retenía a su lado.
Entonces fui yo el que lloré. Me anticipé a sus lágrimas carcelarias. A sus abrazos de candado. Me anticipé a sus lamentos. A sus amenazas de dejar de existir. Le hablé de aquella tarde, de las operaciones y de la ilusión que puse por volver a tocar como antes. Tenía miedo de haber perdido rapidez, de no poder arpegiar como hasta entonces, de que aquellas canciones volasen de mi mente. Recordaba a Prada. Hay que intentarlo, me dije, por lo menos intentarlo. Si no se llega, no pasa nada, pero hay que intentarlo. ¿Cómo iba yo a dejar escapar esta oportunidad?
–Es injusto, Fran. Sabes que haría lo que fuese por ti. Todo menos abandonar mi hogar. Les rompería el co- razón.
Desde que empezamos a salir siempre estábamos juntos. Hablábamos por teléfono horas y horas. Ella en la tienda, o en los servicios del instituto, o en su habitación. Yo en el almacén del supermercado. Gastaba la mitad de mi sueldo en facturas del teléfono móvil. Le compré uno, sólo para escuchar su voz por la noche, para que me llamase y me dijese “dulces sueños, amor” después de oír todas las guarrerías inimaginables capaz de ser pronunciadas. Nos mirábamos y parecía que podíamos leernos el pensamiento. Hacíamos el amor y el mundo podía estallar.
– Sólo quiero que vengas conmigo. Es verdad, no te puedo ofrecer nada, pero es una aventura. Saldremos adelante. Ahora eres tú quién tiene algo que decir.
Yo, salvo un trabajo penoso y mal pagado en el Carrefour, no tenía qué perder. Veintidós años era edad para apostarlo todo. Ella sí, ella se jugaba un futuro confortable y sin problemas. Los dos lo sabíamos. Ya no se trataba de calzarse los pantalones vaqueros ajustados y las camisetas de Ramstein. No todo era llegar al garaje y pavonearse de salir con el líder de Satam, el alma heavy del valle. Ya no se trataba de salir a tomar copas al Zambra o al Apocalipsis, de hacer posados en los billares, de bailar a ritmo frenético, de subir luego al coche y hacer el amor. Ya no se trataba de eso. Ahora había que apostar, decidir para el futuro.
–Y tú, ¿qué harás allí? Si no voy…
Me preguntaba eso, pero sus ojos violetas estaban llenos de reproches. Y yo me preguntaba si alguna vez ella de verdad había pensado en el futuro, en vivir juntos con un sueldo de ochocientos euros en un piso alquilado junto a la vía del tren, oliendo a basura todos los días. Me preguntaba si yo era para ella como una atracción que mostraba a sus amiguitas del insti. El tío más duro de la ciudad, con sus aros en la oreja y su pelo largo y su cazadora de cuero de los Ángeles del Infierno. También me preguntaba si no era al revés. Si era yo el que mostraba de mi brazo a aquella princesita de porcelana, delicada y suave, de rasgos mínimos y cuerpo perfecto. Si era yo el que me beneficiaba de todo aquello.
–Mira, Vanesa. Te espero mañana a las tres de la tarde junto al puente de hierro. Si no estás allí, no te reprocharé nunca nada.
Hicimos el amor bajo aquella manada de cebras. Fumamos en silencio. Estábamos despiertos, meditando cada uno sus propios pensamientos, pero no decíamos nada, como si cualquier palabra pudiese herirnos. No queríamos eso. Aún así, sentí algo frío y telúrico que parecía empezar a separarnos. Una tenue claridad nos mostró los cristales empañados del coche, llorando, marcando garras con sus lágrimas. Limpié el agua de una de las ventanas. En silencio, por el espejo retrovisor, vimos amanecer.

A las tres de la tarde la ciudad estaba vacía. Nevaba dulcemente. Los copos caían enormes como tejas en un balanceo de columpio. Apoyado en la puerta del coche, sobre el puente de hierro, miraba correr el río, y el paseo alfombrado de hojarasca a la derecha y, a la izquierda, las murallas del castillo. Miraba como si fuese la última vez que las vería. Luego me volví. Vanesa no estaba allí. No estaba allí. Acabé de fumar el cigarro y me metí en el coche. El motor rugió cuando lo encendí. La correa del alternador chillaba con un soniquete infernal. Dejó de chillar cuando apreté el acelerador. Aceleraba una, dos, tres veces, pero no arrancaba el coche, no quitaba el freno de mano, no metía la marcha. Me sentía confuso. Miré el reloj y, como suspirando, dejé que el coche se desplazarse por la pista de aguanieve. Encendí el radiocedé y busqué la canción que últimamente no salía de mi cabeza, el “Ride on” de AC/DC. Había traducido la letra: “Me marcharé”. Pensé que en ella estaba escrito mi destino.

Solitario. Un hijo de puta testarudo que quiere ser su propio Dios. Aceleré a fondo. El coche bufaba. Atrás quedaban las casas con el tejado de pizarra de las minas. Atrás el vacío helado del río abismal. Atrás casi toda mi vida. Cruzaba el polígono en busca de la salida de la ciudad. Un poco más allá, en la cuesta empedrada, una maleta roja y un chubasquero amarillo llamaron mi atención. Corrían a mi encuentro por medio de la antigua carretera. Me hacía señas, como indicando que parase.
Cerré los ojos. Un espejismo. No era ella. La canción seguía sonando. Sí, es posible. Puede que todo salga mal, que me arrepienta cada noche, que cada noche quiera cambiar de nuevo mi destino. Es posible, pero tengo que intentarlo. Me marcharé, seré un solitario y seguiré mi propio camino. Así son las cosas. Mi propio Dios. A lo peor, quién sabe, es necesario perder para ganar.

BACØ

sábado, 6 de septiembre de 2008

RIDE ON (1)

El otro día, al ver un vídeo de David González escribiendo con música me pregunté:



¿Escribir o no con música?



En alguna ocasión he utilizado la música con ese fin y siempre, creo recordar, fue esa música la que de algún modo me inspiró para "formalizar", para fraguar el relato o el poema sobre el papel.

Recordé entonces uno de los cuentos de El laberinto de Noé, Ride on, escrito con esa técnica, escuchando el bucle indefinido de la canción de mismo nombre de los AC\DC. La letra de la canción fué el punto de partida (en este caso, yo sabía que ese cuento acabaría con esa canción)


En este primer cuelgue os dejo con la música y la letra (traducida por el muá, como se puede comprobar por lo impresentable del resultado).
Tan sólo una cosa más: "ride on" significa "montar"(en moto, en coche, en caballo, en bicicleta...), pero en este tema hay que entender que Bon Scott y los Young realizan una metáfora y "montar" significa algo así, y no puedo escribirlo más abreviado, como "viajar de ciudad en ciudad sin objetivo definido tan sólo por el placer de sentir en la piel el viento de la carretera y de oler siempre a libertad".

Si no tienes el album, pincha aquí para oír la canción mientras lees la letra:
RIDE ON (MONTAR)

Otra noche solitaria
en otra solitaria ciudad
no soy demasiado joven para preocuparme
ni demasiado viejo para llorar
cuando una mujer me deja tirado.

Otra botella vacía
y otra cama vacía
no soy demasiado joven para admitirlo
ni demasiado viejo para mentir
soy exactamente un cabeza hueca.

Porque estoy solo
porque soy un solitario,
pero sé lo que quiero hacer.

Quiero montar (viajar)
montar
montar
Por el borde de la carretera
montar
El dedo al aire
montar
Uno de estos días
montar
Quiero cambiar mi malvado camino
montar
Hasta entonces yo estaré montando.

He roto otra promesa
he roto otro corazón
pero no soy demasiado joven para darme cuenta
como no soy demasiado viejo para intentarlo,
intentar volver a la salida (al principio).

Y esa es otra luz roja de pesadilla
otra calle con semáforo rojo
y no soy demasiado viejo para apresurarme
porque no soy demasiado viejo para morir
estoy seguro que todavía puedo golpear duro.

Pero estoy solo
¡Dios estoy solo!
¿qué quiero hacer?
Montar
montar
conseguir un billete de ida
montar
montar
yendo por la carretera equivocada
montar
quisiera cambiar mi malvado camino
montar
uno de estos días...
uno de estos días...

Montar
montar
quiero montar
montar
buscando un carro (camión)
montar
montar
seguir montando
montando y montando y montando y montando... montar
montar
quiero ser mi propio Dios (libre)
montar
Oh sí
montar montar montar
uno de estos días
montar
uno de estos días... (tengo que cambiar)


Ride on,
AC/DC,
Young, Young & Scott,
1976
En el próximo post, colgaré el cuento que inspiró esta canción y que se incluye en El Laberinto de Noé.


© Esteban Gutiérrez Gómez, BACO, 2008



domingo, 31 de agosto de 2008

Agradecimientos

Se acabó.

Los días sin madrugar
y las noches eternas
ya son
frutos pasados.

No voy a volver
atras vista la.

"De vuelta a casa,
enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles..."
y me encuentro con dos sorpresas:


Andrés Ramón Pérez Blanco, El Kebrantaversos, que por casualidades de la vida nació el mismo día que yo y demuestra en su blog (hace poco tuvimos una muestra con su Señor lagrimitas), ser un Piscis del copón, se hace eco de uno de mis relatos, Los ajenos, en su cuaderno de bitácora:
http://elkebrantaversos.blogspot.com/2008/08/un-cuento-de-esteban-gutirrez-gmez-los.html.




Gsús Bonilla, poeta completo que lleva la poesía allí donde jamás pensabamos que podía llevarse (y que ha acuñado un término que me encanta: poevida), se hizo con un ejemplar de El Laberinto de Noé en la caseta de la feria del Libro de Madrid donde firmé ésta primavera (¡qué ilusión!) con intención de jugar con su lectura, y ha salido de El Laberinto con moderada satisfacción. Ha colgado en uno de sus blog una referencia que me conmueve por su demostrada sinceridad:


A los dos: GRACIAS, AMIGOS.


viernes, 20 de junio de 2008

¡¡¡Pregonero!!!

Sí, a mí también me cuesta creerlo, pero es así. La buena gente de la Junta de Distrito del barrio de Nuevo Versalles-Loranca en Fuenlabrada, me invitó a dar el pregón de las fiestas de este año.

Pasado el estupor inicial me puse a ello. La noche de San Juan, la noche más corta y mágica del año, el solsticio de verano, el fuego purificador. Las ideas se me desbordaban.

Creo que ha quedado un bonito pregón, lleno de buen rollo.

Esta noche a las 21:45 horas en la Plaza de la Concordia de Loranca.

PROGRAMA DE FIESTAS
Viernes, 20 de Junio
Alas20:00h: “Mercadillo Solidario” organizado
por los educadores de Calle de la Junta Municipal. Lugar:
Recinto Ferial de Loranca.


Alas21:00h: Espectáculo Infantil
“Dr. Ficante”
por la compañía LOS KIKOLAS
Genial Espectáculo de Malabares
Lugar: Plaza de las Artes


Alas21:45h:
Pregón de Fiestas a cargo de:
Esteban Gutiérrez Gómez
Escritor de Fuenlabrada, autor de la novela “El Laberinto de Noé”
Lugar: Plaza de la Concordia.


Alas22:00h:
Gran Concierto de Fiestas

“MODESTIA APARTE”
(Pop-rock)
Lugar: Plaza de la Concordia

martes, 17 de junio de 2008

Reseñas sobre El Laberinto de Noé

Gracias a los amigos que están colgando post sobre el libro.
Se trata de eso, de que la bola de nieve engorde hasta hacerse visible.
Dejo apuntados los dos últimos post:

http://davidgonzalezpoeta.blogspot.com/2008/06/el-laberinto-de-no-de-esteban-gutirrez.html

http://franciscocenamor.blogspot.com/2008/06/artculo-de-miguel-ngel-martn-sobre-la.html

domingo, 8 de junio de 2008

Feria del Libro 2008 en Madrid



No nos damos cuenta, pero cuando caminamos por las calles atestadas de gente, somos miméticos, como los bancos de peces, formamos corrientes que son ríos humanos y, a veces, nos dejamos llevar hacia el desagüe.

Lo pude comprobar el domingo, cuando buscaba desesperado la caseta 347 donde debería de firmar y aquellos bancos de peces me impedían el paso.

Es un lujo y una alegría poder haber estado en aquella caseta, rodeado de amigos que no se quisieron perder el acontecimiento. Y fue una verdadera gozada conocer a lectores anónimos a los que El laberinto de Noé les ha llegado al alma.




Por no olvidarme de alguno no pondré los nombres.
Gracias a todos por acompañarme.

jueves, 29 de mayo de 2008

Reseña sobre "El laberinto de Noé " en el diario Gente en Madrid


GENTE EN MADRID · del 29 de mayo al 5 de junio de 2008
“Si la vida no gusta de una
forma, hay que darle otro color”
El escritor fuenlabreño estuvo en la Feria del Libro de Fuenlabrada, que
estará abierta hasta el uno de junio, firmando ejemplares de su primera novela

ESTEBAN GUTIÉRREZ Escritor
Patricia Rodríguez

Se define como un cuentista, en
“ambos sentidos”. Esteban Gutiérrez
es un escritor fuenlabreño
cuya filosofía de vida es
“que si ésta no nos gusta de
una manera habrá que darle
otro color”. Por eso este autor,
que de joven soñaba con ser estrella
del rock, como indicaba
en la novela que escribió con
diecisiete años, decidió apostar
por el cuento para desarrollar
su carrera literaria.
Después de ganar un premio
nacional de literatura epistolar
que sumaba a los que ya había
ganado en certámenes literarios
de poesía y cuento celebrados
por todo Madrid, decidió lanzarse
a publicar. Siete años escribiendo
y adaptando una serie
de relatos y ocho meses
buscando un editor que apostara
por él. “Alguno me decía que
era un taller literario, otro que
le gustaban los cuentos pero
que no era novela”, recuerda el
escritor. Finalmente la editorial
La Tierra Hoy decidió apostar
por él y, el pasado mes de marzo,
Esteban presentaba su primera
novela. Desde entonces
‘El Laberinto de Noé’ ha contado
con buenas críticas, que alaban
este libro que su autor define
como “positivo”. Hilada por
relatos, cuya temática es el destino,
esta novela cuenta la historia
de Martín, quien regresa
al lugar donde fue feliz en su
infancia y donde vivió su abuelo
Noé, alguien muy importante
para él. A través de Julián, uno
de los últimos amigos de Noé,
Martín intentará saber quién
fue en realidad su abuelo
aprendiendo de la vida con guiños
a obras universales de la literatura
de Miguel de Cervantes,
El Quijote, Julio Cortázar y
Bernardo Atxaga.
Esteban Gutiérrez quiere reivindicar
así la importancia del
cuento en la literatura, “que no
es un género menor”, como
afirma, y, junto al resto de géneros,
lo promueve a través de
la Asociación de Escritores de
Fuenlabrada ESFERAdeLETRAS,
que preside. Allí sus
compañeros le habrán oído leer
alguno de los 140 relatos registrados
con los que cuenta, de
los que uno pronto se podrá
adquirir en librerías, porque
aunque no le gusta “comentarlo”,
un editor le ha propuesto la
publicación. “Antes los buscaba
yo y ahora vienen a mí”, afirma
este fuenlabreño, quien agradece
el apoyo que ha tenido.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El Laberinto de Noé: Firma en la Feria del libro de Madrid

El día 7 de junio a partir de las 19:00 horas, estaré firmando en la caseta de UDL (caseta 347) en la Feria del Libro de Madrid.

Otras firmas el sábado 7 por la tarde:
Manuel Rivas (caseta 90)
Julio Llamazares (caseta 310)
Kepa Murúa (caseta 247)
Jose Mª Merino (caseta 90)

Si os queréis pasar por allí, os espero con los brazos abiertos. Será un buen momento para charlar sobre el libro.