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viernes, 7 de noviembre de 2008
Al otro lado del espejo, nueva Revista literaria dedicada al cuento

Presentamos una nueva revista literaria dedicada al mundo de la narracción breve.
Nació ayer y está por desarrollarse.
Cada cuatrimestre a partir de enero de 2009, saldrá en formato papel.
Os mantendremos informados.
Por presura, no puse que la aparición de esta revista fue un chispazo de Gsús Bonilla. Leyó el manifiesto y el mismo día decidió crear una revista digital y en papel sólo dedicada al cuento. Al día siguiente ya estábamos en marcha. Quiero decir que fue dicho y hecho y fue, además, la prueba de que no se dice cómo swe hacen las cosas, sino que se hacen.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008
El sofá rojo, un nuevo blog dedicado al mundo del cuento
Pues lo dicho, una nueva Revista literaria dedica al relato y al microrrelato.He tenido el honor de inaugurarla con un relato inédito. Os dejo una líneas del mismo y enlazó con la página de la Revista El Sofá Rojo para que podáis leer el resto.
Aquel lapicero de Cinzano
Las noches son interminables y ya no se revuelve en la cama como antes. Está quieta, boca arriba, con los párpados apretados a la espera de que los cubra de oro la luz. No quiere dormir. Prefiere pensar, ocupar la mente con el zumbido de las moscas en la cocina, con los ladridos lejanos en el páramo, contando los descorches del yeso de la fachada que caen al suelo –frutos vencidos por la helada–, como la muda vieja de las serpientes. Pero el sueño vuelve y, otra vez, la ve correr por el sendero del río, camino de casa. Entonces, despliega las pestañas como para despertarse, pero la luz no ha llegado. No es que no quiera soñarlo, es que sabe que nunca podrá dar una explicación. Ella lo sabe. Está resignada desde hace mucho. Ella sí, pero la otra, la niña que la habita mientras duerme, no. [....]
Sigue leyendo aquí
Bueno, Delia Olmos y Juan Javier Murillo, mucho éxito con esta aventura.
Todo por el cuento.
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miércoles, 29 de octubre de 2008
CREATURA Nº 33

Esta es la sorpresa que me esperaba en el buzón al regreso del Monte Perdido en el valle de Ordesa.
Aquí dentro está la entrevista y el relato Pinball, que en principio iba a dar título al libro, que acabó llamándose (y no me arrepiento en absoluto) El laberinto de Noé.
Al abrirlo he recordado la noche del viernes, ese Buko a tope de amigos a los que ahora ponía cara (enorme el artículo de Jab para la el diario La opinión de Zamora) y de muy, muy buen rollo.
Somos algo así como una familia. Nos une la literatura y las ganas de luchar contra la políticamente correcto, contra las mafias del libro establecidas. Nos une la poesía que habla de aquí y ahora, de nosotros, la palabra que no tiene pelos en la lengua
Gracias, Kebran.
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martes, 21 de octubre de 2008
Presentación "Como una historia de terror", de Jon Bilbao
Miércoles
22 de octubre a las 20.00 horas
Librería tres rosas amarillas
San Vicente Ferrer, 34
915 228 108
http://www.tresrosasamarillas.com/index.php?id=135
La Editorial Salto de página y la Librería tres rosas amarillas te invitan a la presentación en Madrid del último libro de Jon Bilbao, Como una historia de terror.
22 de octubre a las 20.00 horas
Librería tres rosas amarillas
San Vicente Ferrer, 34
915 228 108
http://www.tresrosasamarillas.com/index.php?id=135
La Editorial Salto de página y la Librería tres rosas amarillas te invitan a la presentación en Madrid del último libro de Jon Bilbao, Como una historia de terror.Jon Bilbao nació en Ribadesella (Asturias) en 1972 y estudió Ingeniería de Minas en la Universidad de Oviedo. Antes de dedicarse a la escritura trabajó en diversos lugares, entre ellos una central nuclear y una refinería de petróleo. En 2005 participó en la recopilación Ficciones, publicada por la editorial Edaf en colaboración con la Asociación Colegial de Escritores, y el mismo año obtuvo el premio Asturias Joven de Narrativa con el libro 3 relatos. En 2007 resultó ganador del XXXVI Concurso de Cuentos Ignacio Aldecoa por el relato Calor. En el catálogo de Salto de Página ha publicado la novela El hermano de las moscas y la colección de relatos Como una historia de terror. En la actualidad reside en Bilbao, donde trabaja como guionista de televisión.
El acto contará con la asistencia del autor y del escritor y crítico literario Juan Jacinto Muñoz Rengel.
viernes, 17 de octubre de 2008
Comienza Getafe Negro
'Getafe Negro. Festival de Novela Policiaca de Madrid' se celebrará del 22 al 26 de octubre. Está promovido y dirigido por el Ayuntamiento de Getafe (Madrid).Web: http://www.getafenegro.com/
El jueves 23 de 19:00 a 21:00 horas y el viernes 24 de 18:00 a 20:00 estaré firmando ejemplares de El Laberinto de Noé en la caseta de Drakul (Calle Madrid).
Por si os apetece dar una vuelta y charlar un rato.
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jueves, 16 de octubre de 2008
miércoles, 1 de octubre de 2008
EL microrrelato: Pequeño pero matón
Hace unos días, Paula Corroto me entrevistó pulsando mi opinión sobre la literatura breve. Se centraba en el micro como género narrativo.
Hoy, en el diario PÚBLICO, aparece un reportaje al respecto que profundiza en estilos y pretensiones, en orígenes y futuros, y que habla de los autores actuales que cultivan dicho género.
¿Qué es un micro?
El botón de muestra:
La población reclusa no cumple la cuota femenina.
Habrá que hacer algo.
Políticamente incorrecto,
de Juan Pedro Aparicio
Os dejo con el reportaje completo:
Microrrelato: pequeño pero matón
Se lleva lo breve. La concisión toma fuerza en la narrativa contemporánea con la creciente aparición de autores de microrrelatos en las editoriales y en Internet
PAULA CORROTO - Madrid - 30/09/2008 22:56
Es un golpe seco. Una bofetada maternal que te pilla de improviso. También un beso fugaz. El que nunca esperaste. Como esa mirada en el metro, casi de soslayo. Una mirada que sólo dura un par de segundos, pero que vale como una historia de amor eterna. Porque te impacta, te conmociona, te noquea. A veces para dejarte aterrado; otras, para quedarte con la más deliciosa de las sensaciones.
Todo esto es el microrrelato. El género literario de lo hiperbreve. Un formato que ya elevaron a los altares grandes nombres latinoamericanos como Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Adolfo Bioy Casares, (sin olvidar al vasco Ignacio Aldecoa), pero que en los últimos tiempos ha regresado con una fuerza inusitada.
El primer síntoma de que la brevedad impone su marcha en el mundo literario aparece de lleno en Internet. En una época inundada por los blogs –“otro género narrativo”, Jesús Ferrero dixit, también breve en su formato post–, si se teclea en Google la palabra microrrelatos junto a blog aparecen hasta 446.000 entradas. De todos ellos, uno de los más implicados con la causa es El laberinto de Noé, de Esteban Gutiérrez Gómez, donde se encuentra todo un manifiesto en favor del género.
El segundo indicio del interés por los sintético, pero muy intenso, según palabras del académico José María Merino, es la creciente publicación de libros dedicados a este género. Incluso, algunos han obtenido premios, como La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), del propio Merino, que se llevó el Salambó del año pasado frente a los novelones Veneno, y sombra, y adiós, de Javier Marías y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas.
Una tercera señal, que viene al hilo de los nuevos libros, es la aparición de editoriales dedicadas exclusivamente al cuento (y, por ende, al microrrelato), como Páginas de Espuma, Thule y Menoscuarto. Juan Casamayor, editor de la primera, fue también pionero en el campo hace ya casi diez años: “En 1999 decidimos montar la editorial porque las grandes comenzaban a moverse en torno al cuento. Creíamos que era un buen momento y acertamos porque ya llevamos una década”, señala de forma significativa. Reconoce, no obstante, que hay que afinar a la hora de hablar del boom del género breve e hiperbreve: “Es cierto que ha habido un crecimiento de los lectores. Yo tengo libros que han vendido más de 50.000 ejemplares, pero esto no es un boom. Es un fenómeno que va poco a poco”.
Pero que existe. Aparte de José María Merino, ahí van algunos títulos y autores que en los últimos tiempos le han dado caché al microrrelato: Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki; Por favor, sea breve, de Clara Obligado; Cuentos del lejano oeste, de Luciano G. Egido, Botánica del caos, de Ana María Shua, Cuentos cruentos –original mezcla con el micropoema–, de Dino Lanti, Un extraño envío, de Julia Otxoa, o el recentísimo El juego del diábolo, de Juan Pedro Aparicio.
Un mundo fugaz
¿Por qué? Una explicación sociológica señala que el ascendente éxito de la brevedad literaria se debe a nuestro vertiginoso ritmo de vida. Sin embargo, los escritores rechazan tal teoría. Por varias razones. La primera: “Esto es como el sexo, que nadie quiere que sea rapidito. Además, el microrrelato, como el micropoema, se lee saboreándolo. Es como una bomba de efecto retardado”. Esta es la explicación de Fernando Iwasaki. La sensual.
La otra, de Clara Obligado, parte del intelecto: “El éxito no radica en lo acelerado, ya que el cuento, con sus elipsis, exige un trabajo intelectual muy grande, y un lector que se pare y razone”. Por su parte, Ana María Shua, se ciñe a lo económico: “Si se observan las listas de best-sellers, es evidente que nuestro mundo fugaz aprecia sobre todo los novelones de 500 páginas. Si se observan las cifras de ventas de los libros de microrrelatos, es evidente que a nuestro mundo fugaz le importan un pimiento”.
¿Y entonces? “Evocan una mirada contemporánea y renovadora”, señala José María Merino. “Te crean una tensión, mostrando aparentar una información que está escondida, para que al final todo explote en tu mente”, dice Esteban Gutiérrez. “Eso sí, hay que tener cuidado, porque ni son aforismos, ni ocurrencias”, alerta Iwaskai.
El microrrelato es esa mirada rápida, casi sin querer, con la que todos querrían cruzarse, al menos una vez. Ése es su éxito.
Por cierto, nadie suele decirlo, pero el micro (el micro como género literario, pues hay microrrelatos del siglo IV a.C.) nació de esos juegos literarios que Bioy y Borges practicaban. A una de esas reuniones llegó Cortázar con su inquietud por la experimentación y su surrealismo y dijo de hacer lo mínimo para contar un cuento "el lector cómplice, hará lo demás". No creo que a nadie le extrañe.
Hoy, en el diario PÚBLICO, aparece un reportaje al respecto que profundiza en estilos y pretensiones, en orígenes y futuros, y que habla de los autores actuales que cultivan dicho género.
¿Qué es un micro?
El botón de muestra:
La población reclusa no cumple la cuota femenina.
Habrá que hacer algo.
Políticamente incorrecto,
de Juan Pedro Aparicio
Os dejo con el reportaje completo:
Microrrelato: pequeño pero matón
Se lleva lo breve. La concisión toma fuerza en la narrativa contemporánea con la creciente aparición de autores de microrrelatos en las editoriales y en Internet
PAULA CORROTO - Madrid - 30/09/2008 22:56
Es un golpe seco. Una bofetada maternal que te pilla de improviso. También un beso fugaz. El que nunca esperaste. Como esa mirada en el metro, casi de soslayo. Una mirada que sólo dura un par de segundos, pero que vale como una historia de amor eterna. Porque te impacta, te conmociona, te noquea. A veces para dejarte aterrado; otras, para quedarte con la más deliciosa de las sensaciones.
Todo esto es el microrrelato. El género literario de lo hiperbreve. Un formato que ya elevaron a los altares grandes nombres latinoamericanos como Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Adolfo Bioy Casares, (sin olvidar al vasco Ignacio Aldecoa), pero que en los últimos tiempos ha regresado con una fuerza inusitada.
El primer síntoma de que la brevedad impone su marcha en el mundo literario aparece de lleno en Internet. En una época inundada por los blogs –“otro género narrativo”, Jesús Ferrero dixit, también breve en su formato post–, si se teclea en Google la palabra microrrelatos junto a blog aparecen hasta 446.000 entradas. De todos ellos, uno de los más implicados con la causa es El laberinto de Noé, de Esteban Gutiérrez Gómez, donde se encuentra todo un manifiesto en favor del género.
El segundo indicio del interés por los sintético, pero muy intenso, según palabras del académico José María Merino, es la creciente publicación de libros dedicados a este género. Incluso, algunos han obtenido premios, como La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), del propio Merino, que se llevó el Salambó del año pasado frente a los novelones Veneno, y sombra, y adiós, de Javier Marías y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas.
Una tercera señal, que viene al hilo de los nuevos libros, es la aparición de editoriales dedicadas exclusivamente al cuento (y, por ende, al microrrelato), como Páginas de Espuma, Thule y Menoscuarto. Juan Casamayor, editor de la primera, fue también pionero en el campo hace ya casi diez años: “En 1999 decidimos montar la editorial porque las grandes comenzaban a moverse en torno al cuento. Creíamos que era un buen momento y acertamos porque ya llevamos una década”, señala de forma significativa. Reconoce, no obstante, que hay que afinar a la hora de hablar del boom del género breve e hiperbreve: “Es cierto que ha habido un crecimiento de los lectores. Yo tengo libros que han vendido más de 50.000 ejemplares, pero esto no es un boom. Es un fenómeno que va poco a poco”.
Pero que existe. Aparte de José María Merino, ahí van algunos títulos y autores que en los últimos tiempos le han dado caché al microrrelato: Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki; Por favor, sea breve, de Clara Obligado; Cuentos del lejano oeste, de Luciano G. Egido, Botánica del caos, de Ana María Shua, Cuentos cruentos –original mezcla con el micropoema–, de Dino Lanti, Un extraño envío, de Julia Otxoa, o el recentísimo El juego del diábolo, de Juan Pedro Aparicio.
Un mundo fugaz
¿Por qué? Una explicación sociológica señala que el ascendente éxito de la brevedad literaria se debe a nuestro vertiginoso ritmo de vida. Sin embargo, los escritores rechazan tal teoría. Por varias razones. La primera: “Esto es como el sexo, que nadie quiere que sea rapidito. Además, el microrrelato, como el micropoema, se lee saboreándolo. Es como una bomba de efecto retardado”. Esta es la explicación de Fernando Iwasaki. La sensual.
La otra, de Clara Obligado, parte del intelecto: “El éxito no radica en lo acelerado, ya que el cuento, con sus elipsis, exige un trabajo intelectual muy grande, y un lector que se pare y razone”. Por su parte, Ana María Shua, se ciñe a lo económico: “Si se observan las listas de best-sellers, es evidente que nuestro mundo fugaz aprecia sobre todo los novelones de 500 páginas. Si se observan las cifras de ventas de los libros de microrrelatos, es evidente que a nuestro mundo fugaz le importan un pimiento”.
¿Y entonces? “Evocan una mirada contemporánea y renovadora”, señala José María Merino. “Te crean una tensión, mostrando aparentar una información que está escondida, para que al final todo explote en tu mente”, dice Esteban Gutiérrez. “Eso sí, hay que tener cuidado, porque ni son aforismos, ni ocurrencias”, alerta Iwaskai.
El microrrelato es esa mirada rápida, casi sin querer, con la que todos querrían cruzarse, al menos una vez. Ése es su éxito.
Por cierto, nadie suele decirlo, pero el micro (el micro como género literario, pues hay microrrelatos del siglo IV a.C.) nació de esos juegos literarios que Bioy y Borges practicaban. A una de esas reuniones llegó Cortázar con su inquietud por la experimentación y su surrealismo y dijo de hacer lo mínimo para contar un cuento "el lector cómplice, hará lo demás". No creo que a nadie le extrañe.
lunes, 15 de septiembre de 2008
DAVID FOSTER WALLACE
Parece que fue el viernes, ya de noche, cuando DFW consiguió aquello que deseaba y por lo que él mismo pidió hace años ser internado.DFW, el mejor escritor norteamericano actual, supo ver historias donde los demás no veíamos nada (no hay que dejar de leer La niña del pelo raro o Entrevistas breves con hombres repulsivos ); supo hacer con la escritura un ejercicio inverosímil (metaliteratura o el hombre que exprimía las palabras hasta colmar la paciencia del lector), un salto al vacío que, hasta entonces, muy pocos escritores habían intentado (Joyce, Cortázar). Y, en la mayoría de los casos, utilizó el cuento para demostrarlo.
Superando la etiqueta (ya sabéis, la palabra clave para que los más tontos sepan definir y saber a qué atenerse) de líder, terrible y carismático, de la penúltima generación de escritores norteamericanos, los posmodernos (al fín lo escribí), DFW ha optado por abandonar toda realidad.
Literariamente ya lo hizo desde sus primeros escritos, enseñando el camino a aquellos que no veían más allá de sus narices y no salían de la senda del perdedor, haciendonos ver desde otras perpectivas que todos estábamos, de una u otra manera, metidos en el mismo camino. Para ello, DFW utilizó todos los medios a su alcance, sin despreciar a sus creadores, pero superando lo que había.Algunas consideraciones personales sobre la literatura de DFW :
De las formas:
-el cuento como realidad fotográfica (Cortázar y mucho más allá)
-toda palabra aún no ha dicho la última palabra
-la utilización de la descripción con fines contrarios a lo dictado por las normas hasta entonces
-unido a lo anterior, la provocación
-el realismo más escandaloso mostrado desde fuera del realismo (aquí su logro fundamental: para hacer ver el problema no hace falta ser parte del mismo)
-más allá del humor hay...
-la búsqueda del sentimiento escondido en el lector fuese de la forma que fuese (hay que conmocionarlo)
-y, en consecuencia, la importancia del fondo sobre la forma
Sobre el fondo:
-el mundo actual lo domina la televisión que nos tiene enganchados porque somos unos viciosos mirones (ver post en Bacovicious sobre el tema Vicarius del grupo norteamericano Tool)
-la basura informativa y sus perfectas mentiras asumidas por todos (somos unos viciosos mirones)
-el exceso de información provoca caos (pero somos viciosos y mirones)
-la incomunicación más extrema se da paradójicamente en la era global de Internet (viciosos)
-somos unos viciosos, nos va la adicción a lo que sea (por fin nos hemos convertido en los “felices apastillados” que decía Bioy Casares)
-todo lo anterior hace que el ser humano sea cada vez menos humano
Aquellos de vosotros que hayáis leído El laberinto de Noé, os sonará todo esto. Noé y su alter ego asumen que el mundo es una mierda y que, además, no tiene remedio. Sólo convenciéndose de esa realidad son capaces de encontrar ese otro mundo que estaban buscando. Ironías de la vida.
Por último, DFW nos deja una enseñanza sobre la que los amigos del cuento deberíamos reflexionar: lo escrito por él no sólo es aplicable a su Norteamérica (no fronters). En la actualidad, en el mundo global, capitalista, consumista y mediatizado por la televisión, lo mismo ocurre en cualquier país del mundo occidental y, por supuesto, en España. Ejemplos como la crisis petrolífera o la hipotecaria, el problema del terrorismo, el consumismo desaforado, los programas televisivos en lo que lo fundamental es reírse de la gente, del prójimo, porque es preferible reírse del vecino y no llorar por cómo te va a ti; la desestructuración de las familias, la deshumanización, la pérdida de valor de la educación, etcétera, etcétera y etcétera, son fondos únicos y permiten la expansión de la irreverencia más allá de las fronteras norteamericanas.
Tres cosas más:
Una. Esta entrada se debe fundamentalmente a Alvy Singer y a la gente de Masacre en los jardines, que esta mañana me despertaron con la noticia.
Dos. Ahora mismo, 17:43 horas, todavía se duda de la veracidad de la misma noticia en algún periódico norteamericano (véase cómo está el mundo).
Tres. Acabo de escribir del nuevo Joyce, y siento vértigo.
© Esteban Gutiérrez Gómez,2008
sábado, 6 de septiembre de 2008
RIDE ON (1)
El otro día, al ver un vídeo de David González escribiendo con música me pregunté: ¿Escribir o no con música?
En alguna ocasión he utilizado la música con ese fin y siempre, creo recordar, fue esa música la que de algún modo me inspiró para "formalizar", para fraguar el relato o el poema sobre el papel.
Recordé entonces uno de los cuentos de El laberinto de Noé, Ride on, escrito con esa técnica, escuchando el bucle indefinido de la canción de mismo nombre de los AC\DC. La letra de la canción fué el punto de partida (en este caso, yo sabía que ese cuento acabaría con esa canción)
En este primer cuelgue os dejo con la música y la letra (traducida por el muá, como se puede comprobar por lo impresentable del resultado). Tan sólo una cosa más: "ride on" significa "montar"(en moto, en coche, en caballo, en bicicleta...), pero en este tema hay que entender que Bon Scott y los Young realizan una metáfora y "montar" significa algo así, y no puedo escribirlo más abreviado, como "viajar de ciudad en ciudad sin objetivo definido tan sólo por el placer de sentir en la piel el viento de la carretera y de oler siempre a libertad".
Si no tienes el album, pincha aquí para oír la canción mientras lees la letra:
RIDE ON (MONTAR)
Otra noche solitaria
en otra solitaria ciudad
no soy demasiado joven para preocuparme
ni demasiado viejo para llorar
cuando una mujer me deja tirado.
Otra botella vacía
y otra cama vacía
no soy demasiado joven para admitirlo
ni demasiado viejo para mentir
soy exactamente un cabeza hueca.
Porque estoy solo
porque soy un solitario,
pero sé lo que quiero hacer.
Quiero montar (viajar)
montar
montar
Por el borde de la carretera
montar
El dedo al aire
montar
Uno de estos días
montar
Quiero cambiar mi malvado camino
montar
Hasta entonces yo estaré montando.
He roto otra promesa
he roto otro corazón
pero no soy demasiado joven para darme cuenta
como no soy demasiado viejo para intentarlo,
intentar volver a la salida (al principio).
Y esa es otra luz roja de pesadilla
otra calle con semáforo rojo
y no soy demasiado viejo para apresurarme
porque no soy demasiado viejo para morir
estoy seguro que todavía puedo golpear duro.
Pero estoy solo
¡Dios estoy solo!
¿qué quiero hacer?
Montar
montar
conseguir un billete de ida
montar
montar
yendo por la carretera equivocada
montar
quisiera cambiar mi malvado camino
montar
uno de estos días...
uno de estos días...
Montar
montar
quiero montar
montar
buscando un carro (camión)
montar
montar
seguir montando
montando y montando y montando y montando... montar
montar
quiero ser mi propio Dios (libre)
montar
Oh sí
montar montar montar
uno de estos días
montar
uno de estos días... (tengo que cambiar)
Ride on,
AC/DC,
Young, Young & Scott,
1976
Otra noche solitaria
en otra solitaria ciudad
no soy demasiado joven para preocuparme
ni demasiado viejo para llorar
cuando una mujer me deja tirado.
Otra botella vacía
y otra cama vacía
no soy demasiado joven para admitirlo
ni demasiado viejo para mentir
soy exactamente un cabeza hueca.
Porque estoy solo
porque soy un solitario,
pero sé lo que quiero hacer.
Quiero montar (viajar)
montar
montar
Por el borde de la carretera
montar
El dedo al aire
montar
Uno de estos días
montar
Quiero cambiar mi malvado camino
montar
Hasta entonces yo estaré montando.
He roto otra promesa
he roto otro corazón
pero no soy demasiado joven para darme cuenta
como no soy demasiado viejo para intentarlo,
intentar volver a la salida (al principio).
Y esa es otra luz roja de pesadilla
otra calle con semáforo rojo
y no soy demasiado viejo para apresurarme
porque no soy demasiado viejo para morir
estoy seguro que todavía puedo golpear duro.
Pero estoy solo
¡Dios estoy solo!
¿qué quiero hacer?
Montar
montar
conseguir un billete de ida
montar
montar
yendo por la carretera equivocada
montar
quisiera cambiar mi malvado camino
montar
uno de estos días...
uno de estos días...
Montar
montar
quiero montar
montar
buscando un carro (camión)
montar
montar
seguir montando
montando y montando y montando y montando... montar
montar
quiero ser mi propio Dios (libre)
montar
Oh sí
montar montar montar
uno de estos días
montar
uno de estos días... (tengo que cambiar)
Ride on,
AC/DC,
Young, Young & Scott,
1976
En el próximo post, colgaré el cuento que inspiró esta canción y que se incluye en El Laberinto de Noé.
Imágenes tomadas de internet: http://www.taringa.net/posts/imagenes/867781/Fotos-e-imagenes-de-AC_DC.html
© Esteban Gutiérrez Gómez, BACO, 2008
jueves, 4 de septiembre de 2008
LITERATURA ESTADOUNIDENSE CONTEMPORANEA

Acabo de recibir el nuevo número del mes de septiembre de la revista mexicana de literatura En Sentido Figurado (GRACIAS Valeria). Entre otras maravillas, destaca la segunda parte de un ensayo sobre literatura estadounidense contemporánea, a mi juicio, bastante acertado,
mostrando el porqué del auge del cuento en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX.
mostrando el porqué del auge del cuento en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. El ensayo ha sido realizado por el escritor Guillermo Ortíz, y su página web http://www.guilleortiz.com/ y su persona, han sido un muy grato descubrimiento.
La lectura de la segunda parte de este ensayo, me hizo buscar la primera parte en el número de agosto de En Sentido Figurado.
Transcribo las primeras líneas del ensayo y aconsejo a los cuentistas que siguen el blog, su lectura completa en los enlaces abajo relacionados.
REALISMO, POLÍTICA Y ADOLESCENCIA EN LA LITERATURA ESTADOUNIDENSE CONTEMPORANEA (PRIMERA PARTE)
Los Estados Unidos son un país muy joven, casi adolescente, y como todo adolescente tiene una difícil relación con la realidad, basada en la perplejidad y el asombro ante lo que le rodea. Por ello, aunque el realismo está considerado el movimiento literario estadounidense por excelencia, hay que dejar claro que esa aproximación a la realidad no se ha hecho de forma aséptica o resignada, una especie de “así son las cosas”, sino más bien al contrario: esa realidad se disecciona desde muchos ángulos, de manera crítica y casi siempre dudando de ella o incluso ofreciendo sociedades alternativas que sustituyeran a la vigente.
Aparte, hay que tener en cuenta que los Estados Unidos no sólo son un país joven sino también tremendamente poderoso e influyente. Esto repercute en su literatura de manera brutal y contradictoria: extendiendo por todo el mundo unas tendencias de pensamiento y sus contrarias. Así, desde la II Guerra Mundial, cuando numerosos pensadores europeos tuvieron que refugiarse para huir de la persecución nazi, en EEUU conviven intelectuales marxistas y anti-comunistas, neoliberales y críticos, fanáticos defensores de la globalización y teóricos del multiculturalismo.
Este sentimiento crítico, esquizofrénico y a menudo opresivo ante la realidad hace que la literatura norteamericana sea, especialmente desde los años 50, una literatura de “outsiders”, de personajes que forman parte de la sociedad pero de una manera paralela, con sus propias reglas, con su individualidad casi imposible en una sociedad unificada por el cine, la televisión y la promesa del “sueño americano”.
De Holden Caulfield a Henry Miller
Ese sueño tiene un lado terrible. Un sueño que provoca insomnio. La mayoría de grandes personajes de la novela y el relato norteamericano son lo que se considerarían “perdedores”...
Aparte, hay que tener en cuenta que los Estados Unidos no sólo son un país joven sino también tremendamente poderoso e influyente. Esto repercute en su literatura de manera brutal y contradictoria: extendiendo por todo el mundo unas tendencias de pensamiento y sus contrarias. Así, desde la II Guerra Mundial, cuando numerosos pensadores europeos tuvieron que refugiarse para huir de la persecución nazi, en EEUU conviven intelectuales marxistas y anti-comunistas, neoliberales y críticos, fanáticos defensores de la globalización y teóricos del multiculturalismo.
Este sentimiento crítico, esquizofrénico y a menudo opresivo ante la realidad hace que la literatura norteamericana sea, especialmente desde los años 50, una literatura de “outsiders”, de personajes que forman parte de la sociedad pero de una manera paralela, con sus propias reglas, con su individualidad casi imposible en una sociedad unificada por el cine, la televisión y la promesa del “sueño americano”.
De Holden Caulfield a Henry Miller
Ese sueño tiene un lado terrible. Un sueño que provoca insomnio. La mayoría de grandes personajes de la novela y el relato norteamericano son lo que se considerarían “perdedores”...
puedes seguir leyendo esta primera parte del ensayo aquí (páginas 63-65)
REALISMO, POLÍTICA Y ADOLESCENCIA EN LA LITERATURA ESTADOUNIDENSE CONTEMPORANEA (SEGUNDA PARTE)
El retrato breve: escuela de minimalistas
No es de extrañar, por esto mismo, que en la literatura norteamericana haya tenido tanta importancia el relato breve. Es el género ideal para describir una realidad incómoda sin entrar en mayores discusiones. La máxima de Scott Fitzgerald: “muestra, no expliques” es ideal a la hora de transmitir tristeza y perplejidad. Esta perplejidad y un fuerte sentimiento de soledad está ya en los primeros relatos de Hemingway con aquel solitario Nick Adams buscando su lugar en el mundo por Italia, España y el Misisipi, y seguirá a lo largo de todo el siglo con maestros como el citado John Cheever –“El nadador” (1964) o, especialmente, Raymond Carver –“¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?” (1976)- y Donald Barthelme –“60 Cuentos” (1981)- en la última parte del siglo XX.
Asimismo, es imposible obviar la importancia de las publicaciones –especialmente las dedicadas a mujeres– en el auge del relato breve. Si bien es cierto que la forma se ajusta perfectamente a las pretensiones de estos autores, también es cierto que encontraron numerosas facilidades para publicar en distintas revistas a cambio de grandes cantidades de dinero. Hubo un tiempo en Estados Unidos en el que publicar relatos o novelas cortas por entregas en una revista resultaba más rentable que ponerse a escribir una “gran” novela.
El relato estadounidense mezcla esta capacidad para el realismo más sucio y a la vez la imagen más certera. No es casualidad que los grandes novelistas estadounidenses hayan sido también relatistas (Hemingway, sí, pero también Faulkner, Fitzgerald, Salinger, Capote, Miller, Kerouac, Auster… hasta llegar al propio Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk…) y a la vez guionistas de cine, o que, al menos, sus obras hayan inspirado varias películas. Los cuentos americanos son eso: retratos, una sucesión de brochazos en los que queda configurada una sociedad y generalmente un desapego...
No es de extrañar, por esto mismo, que en la literatura norteamericana haya tenido tanta importancia el relato breve. Es el género ideal para describir una realidad incómoda sin entrar en mayores discusiones. La máxima de Scott Fitzgerald: “muestra, no expliques” es ideal a la hora de transmitir tristeza y perplejidad. Esta perplejidad y un fuerte sentimiento de soledad está ya en los primeros relatos de Hemingway con aquel solitario Nick Adams buscando su lugar en el mundo por Italia, España y el Misisipi, y seguirá a lo largo de todo el siglo con maestros como el citado John Cheever –“El nadador” (1964) o, especialmente, Raymond Carver –“¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?” (1976)- y Donald Barthelme –“60 Cuentos” (1981)- en la última parte del siglo XX.
Asimismo, es imposible obviar la importancia de las publicaciones –especialmente las dedicadas a mujeres– en el auge del relato breve. Si bien es cierto que la forma se ajusta perfectamente a las pretensiones de estos autores, también es cierto que encontraron numerosas facilidades para publicar en distintas revistas a cambio de grandes cantidades de dinero. Hubo un tiempo en Estados Unidos en el que publicar relatos o novelas cortas por entregas en una revista resultaba más rentable que ponerse a escribir una “gran” novela.
El relato estadounidense mezcla esta capacidad para el realismo más sucio y a la vez la imagen más certera. No es casualidad que los grandes novelistas estadounidenses hayan sido también relatistas (Hemingway, sí, pero también Faulkner, Fitzgerald, Salinger, Capote, Miller, Kerouac, Auster… hasta llegar al propio Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk…) y a la vez guionistas de cine, o que, al menos, sus obras hayan inspirado varias películas. Los cuentos americanos son eso: retratos, una sucesión de brochazos en los que queda configurada una sociedad y generalmente un desapego...
la continuación de la segunda parte de este interesantísimo estudio aquí (o en la revista de septiembre)
domingo, 31 de agosto de 2008
Agradecimientos
Se acabó.
Andrés Ramón Pérez Blanco, El Kebrantaversos, que por casualidades de la vida nació el mismo día que yo y demuestra en su blog (hace poco tuvimos una muestra con su Señor lagrimitas), ser un Piscis del copón, se hace eco de uno de mis relatos, Los ajenos, en su cuaderno de bitácora:
http://elkebrantaversos.blogspot.com/2008/08/un-cuento-de-esteban-gutirrez-gmez-los.html.
Gsús Bonilla, poeta completo que lleva la poesía allí donde jamás pensabamos que podía llevarse (y que ha acuñado un término que me encanta: poevida), se hizo con un ejemplar de El Laberinto de Noé en la caseta de la feria del Libro de Madrid donde firmé ésta primavera (¡qué ilusión!) con intención de jugar con su lectura, y ha salido de El Laberinto con moderada satisfacción. Ha colgado en uno de sus blog una referencia que me conmueve por su demostrada sinceridad:
Los días sin madrugar
y las noches eternas
ya son
frutos pasados.
No voy a volver
atras vista la.
"De vuelta a casa,
enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles..."
y me encuentro con dos sorpresas:
http://elkebrantaversos.blogspot.com/2008/08/un-cuento-de-esteban-gutirrez-gmez-los.html.
A los dos: GRACIAS, AMIGOS.
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viernes, 18 de julio de 2008
Hank Over /Resaca (y II)

La semana pasada dije dos cuentos destacados de esta antología.
El segundo es un prodigio de cuento que debería figurar en los manuales cuando se explica eso de “la economía de medios” (otros lo llaman minimalismo y etiquetan así una corriente, allá ellos), cuando se habla de “flash” descriptivo (metáforas visuales instantáneas), de ausencia de adjetivos (el poder del sustantivo), de uso perfecto de puntuación, y qué decir de las elipsis narrativas.
"Lavavajillas", que así se llama esta maravilla de relato, es obra de Salvador Gutiérrez Solís, con un curri literario tremendo (ya dije que estoy en el abismo intelectual, que me queda mucho por saber), y del que pienso leer antes de que acabe el año alguna de sus novelas (La novela de un novelista malaleche, por ejemplo) y un libro de cuentos (Jugadores y coleccionistas), si lo encuentro, que cómo sean iguales que éste, habrá que pregonar.
Os dejo con el relato en cuestión:
Os dejo con el relato en cuestión:
Concha tenía todas esas cosas, pocas cosas, que un hombre suele querer -que una mujer tenga-. Es decir: las cosas en su sitio, a su altura, gravitatorias y con volumen. Con mucho volumen. Canalilla, apretada y manzanera. Sentimental y enamoradiza, Cáncer de primeros de julio. Lloró cuando se congeló Di Caprio en Titanic y cuando se murió Chanquete en la octava reposición de Verano Azul.
Pedro tenía todas esas cosas, cositas, que cualquier mujer no suele querer -que un hombre tenga-. Es decir: las cosas en un sitio equivocado, aleatorias y escasas. Muy escasas. Pajarillo, gafitas y dedillos. Con toda la malaleche de los buenos Aries -con cuernos retorcidos-, malaleche de verdad.
Aún así eran pareja, no de hecho, por la Iglesia: luna de miel en Lanzarote -hotel cinco estrellas, habitación insonorizada y desayuno continental-. Ninguna regla -salvo la del "cinco"- es perfecta. O los volúmenes y las carencias se complementan, que también puede suceder.
Concha sabía mover el culo como nadie; la mejor. En el súper, cargada de latas de cola, con su uniforme de rayas -atléticas: rojas y blancas- era como una diosa casquivana, pecadora y emplumada del Folies Bergere. Desfilaba entre los estantes rezumando guarrería, incitando a la humedad, provocando tortícolis, celos y matinales montañas de sábanas a su paso. No parecía una simple reponedora de la sección de refrescos.
Pedro no movía tan bien el culo, tampoco el suyo era un culo de exhibición. Siempre pegado al asiento del sillón, fusionado a la pana de un ayer marrón del cojín. Eso sí, con una lata -de cerveza- en una mano, y el mando a distancia en la otra, las gafitas en la punta de la nariz, recorría los idiomas y los canales, y las presentadoras
gorditas y los culebrones venezolanos, y los campeonatos austro-húngaros de billar y los debates de vecinas chabacanas todas las horas de todas las mañanas de lunes a lunes, toda la semana. Pedro era la versión fangosa de aquel ángel caído: destronado, herido y sucio.
gorditas y los culebrones venezolanos, y los campeonatos austro-húngaros de billar y los debates de vecinas chabacanas todas las horas de todas las mañanas de lunes a lunes, toda la semana. Pedro era la versión fangosa de aquel ángel caído: destronado, herido y sucio. A las tres en punto Concha colgaba el uniforme, en una taquilla con fotografías de Riqui Martin, se ajustaba las medias y ceñía el culo en unos tejanos descoloridos entre charlas. Pedro calentaba lentejas con chorizo o freía pollo empanado. A las tres y media comían, sin hablar, mirando la enésima repetición de los goles del domingo o el polvo del aparador -o el azul descafeinado del techo-. El hombre del tiempo anticipaba tormenta -con fuerte marejada- en el Cantábrico.
A las cuatro, después del segundo cigarrillo, después de apurar el tinto, Concha fregaba los dos platos y la ollita o la sartén, mientras el café hervía. Pedro la observaba desde la puerta, ciego en ese culo que a tantos había cegado durante la mañana en el súper. Dos minutos de comentar las noticias de una jornada sin noticias. Dos minutos de ver y fingir escuchar.
Pedro hablaba por hablar, movía la boca, mientras soñaba ver en el cuerpo de Concha las manos y las acrobacias de la película del viernes a las una y media -de la madrugada-. Los ojos enmarcados por ese culito que no hace tanto había sido rojiblanco y entonces era tejano, y grotescamente erótico. Cuando ya no le cabía más culo en el cerebro, ni más presión en los pantalones, Pedro se acercaba hasta Concha y primero colocaba una mano en el cachete derecho y luego la otra en el izquierdo, derecho izquierdo, derecho izquierdo. Siempre: derecho izquierdo; fijaciones de la niñez.
Las manos como lapas de los bolsillos, temblorosas en el vaivén. A continuación, besitos en la nuca, besitos entre los caracolillos, besitos en donde el pelo traiciona a la peluquera, besitos hasta que la cafetera silbaba. Cuando la cafetera silbaba, ella se giraba en busca del silbido y hacían el amor -un amor de dos empujones y medio gemido- sobre la mesa de la cocina, bajo la lámpara del comedor, sobre el suelo del pasillo o en la cama, si les daba tiempo a llegar al dormitorio.Cigarrillo, café y cigarrillo. Pocas palabras. La tormenta del Cantábrico instalada en el comedor. Pedro buscando y encontrando en cada "no" un reproche. "Si estoy aquí es porque no he encontrado nada...". "Yo no te he dicho nada de...". "¿Te crees qué me gusta esto?". "Que yo no...". "Ya, no te preocupes, aunque sea de minero...". Más silencio, un silencio profundo, de palabras que escuecen, que pujan por salir.
La reconciliación en la cena, a eso de los postres. "Médico de familia" y a la cama. Esta vez para dormir: por la noche Concha no fregaba los platos. "Buenas noches". "Si Dios quiere". Sueño rápido y vueltas en la cama. El final de otro día como otro cualquiera. La Luna sobre el espectro de Cáncer y Aries con los cuernos más retorcidos.
Así pasaron los días. Las semanas y los meses. Tal vez algún año. Algunas variaciones se produjeron en sus vidas. A Concha la cambiaron de sección en el súper. Gama blanca: electrodomésticos. Su uniforme siguió siendo rojiblanco, más rojiblanco, le regalaron uno nuevo en la empresa por tres
años de servicio. El culito bien, tatuado en la falda, más ligero, sin el peso de las latas. Con la misma forma, la misma reina entre los estantes.
años de servicio. El culito bien, tatuado en la falda, más ligero, sin el peso de las latas. Con la misma forma, la misma reina entre los estantes. Pedro se compró un libro de cocina, uno de dieta mediterránea que su presentadora favorita recomendó una mañana. Comenzó a elaborar menús variados y complicados. No lo hizo por ampliar su cultura gastronómica. No. El estofado de cerdo y las berenjenas gratinadas requerían más trabajo, más tiempo y, claro, más sartenes, cuchillos y coladores. Concha tardaba más en fregar lo ensuciado, lo que no la inquietó en un principio. Además, Pedro parecía más calmado, más suave y el paladar lo agradecía y la tregua de paz se rompía un poco más tarde. La cafetera también comenzó a silbar un poco más tarde.
Los movimientos se siguieron repitiendo, retardados. Pedro en la puerta de la cocina, el culito enfrente, más vaivén, más manos de viernes por la noche magreándolo. Olor a café y las manos, sus manos, en el culo, derecho izquierdo, besitos en la nuca y amor sobre la mesa de la cocina porque a llegar al dormitorio, ni siquiera al pasillo, les daba tiempo. Cigarrillo, café, cigarrillo y discusión. "Médico de familia" y buenas noches en las mejillas.
La monotonía conduce a la reflexión -que es la madre del aburrimiento-. Concha escuchaba la conversación de sus compañeras, todas rojiblancas pero ninguna con su culo, en los descansos de las once y media, sobre los hábitos sexuales de sus maridos, sus quejas y sus anhelos en silencio, desde la distancia de lo ajeno. Pedro descubrió lo que ya sabía: que el placer lo lograba contemplando el vaivén del culo de su mujer, no antes ni después. Que el amor se lo hacía por no defraudarla, en un alarde de generosidad sexual, y que la espuma del Fairy le escocía si caía donde no debía. Lo mejor de cada día, lo que merecía la pena esperar y dedicar toda la mañana a la cocina, era ver el culo de su mujer mientras fregaba.
Uno y otra tomaron sus medidas. Un día, de no hace tanto, Concha dejó de ajustarse los tejanos y dejó de volverse al silbido de la cafetera mientras su marido le besaba la nuca y le geografiaba los cachetes, derecho izquierdo, del culo. La bronca llegó antes, pero sólo ese día.
Al siguiente, cuando la cafetera silbó, las manos estaban en su sitio y los restos del pollo al chilindrón navegaban por la tubería; Pedro desapareció antes de lo previsto. Sonó el grifo del cuarto de baño. Sin pelea. "Levántame a las siete", "hoy ha llamado tu madre", "cómprame un paquete de tabaco cuando salgas", "hay un microondas de oferta", "pon al día la cuenta". Y hasta la noche. Y hasta el día siguiente.
Concha, en el súper, desembalando una tostadora para la exposición, dedujo que algo fallaba, que el repentino cambio de comportamiento de Pedro no se debía a la casualidad. Ideó un plan. Ese mismo día fingiría ser la de siempre, se ajustaría en los tejanos que provocaban el temblor, y casi la amputación, del carnicero, y comenzaría a fregar. Pedro, en tanto, preparaba un complicadísimo plato griego; los cacharros sucios se apilaron hasta cubrir la imitación de granito de la encimera. Más tiempo de placer.
Al tercer plato Concha se giró y lo descubrió. Allí estaba Pedro: media cabeza asomada, despeinado, las gafillas empañadas balanceándose en la punta de la nariz, encogido como una gata en celo, masturbándose con los ojos puestos en ese culo que tanto había sobado. Un vaso pintado de espuma no acertó su objetivo. Ni café ni cigarrillo y pelea, mucha pelea, pelea de la buena. Se escupieron todos los reproches acumulados en los cinco años de matrimonio. Pedro justificaba con reproches de los que duelen su comportamiento. Concha lo humillaba con reproches de los que escuecen. Guerra zodiacal.
La noche en vela la emplearon en planear las respectivas estrategias. Pedro, necesitado del perdón, volvió a las lentejas con chorizo. Concha, no se lo pensó, encontró la venganza perfecta: compró un lavavajillas.
Aquí, un artículo de Salvador Gutiérrez Solís sobre el placer de la lectura con el que estoy totalmente de acuerdo.
Esteban Gutiérrez Gómez, BACØ, 2008
martes, 15 de julio de 2008
Cuchitril literario: Un blog imprescindible

Se hace llamar Palimp, y tiene uno de los blogs literarios más interesantes de los que rulan por el ciberespacio en castellano.
Su blog se llama Cuchitril Literario y no tiene desperdicio: críticas de libros, recomendaciones, espacios literarios actuales, actividades…
La referencia es obligada cuando nos descubre joyas como unas cuantas conferencias sobre la obra de Cortázar, entre las que destaca una sobre Rayuela, pronunciada por Ricardo Gullón en 1976.
Más información en el siguiente enlace:
Cultura gratis: Fundación Juan March y RTVE
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