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martes, 6 de abril de 2010
Una semana de cuento en Tres rosas amarillas
La librería Tres rosas amarillas será, una vez más, el feudo de cuentistas.
Tres presentaciones esta semana.
MARTES,6 20:00H.
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miércoles, 3 de diciembre de 2008
De culos y manzanas, de Patricia Esteban Erlés
"Manderley en venta" de Patricia Esteban Erlés ha resultado ser uno de los libros de relatos revelación de este 2008. Llegó a ser finalista del pretigioso premio Setenil. ¿Por qué? Juzguen ustedes después de la lectura de este relato cedido amablemente por Tropo Editores para esta publicación.DE CULOS Y MANZANAS
Cuando Culo de Manzana me dejó llevé a cabo un dramático ejercicio de exorcismo para arrancarla de mi vida. Borré todos sus correos, rompí las cartas que me había mandado en sus fases de romanticismo más exaltado y eliminé nuestro perfil de la página de contactos donde nos habíamos inscrito en busca de nuevas experiencias. Sin embargo, confieso que no reuní el valor suficiente para deshacerme de las fotos que acompañaban nuestros escuetos datos de presentación (pareja de 30 años, atractiva, liberal...) y acabé pasándolas a un archivo del ordenador que se llamó culodemanzanadoc. Intuía que se acercaban tiempos muy difíciles para mí.Para entonces, Culo de Manzana ya estaba con otro. Siempre pensé que la historia venía de antes, aunque cuando tuvimos ocasión de hablar de ello juró y perjuró que habían empezado a tontear por e-mail a últimos de octubre y que no se vieron en persona hasta cinco días después de la que para ella fue nuestra «bronca definitiva». Como si eso pudiera servirme de algún consuelo, no te jode. El caso es que me enteré muy pronto de los detalles de aquella devastadora relación, tanto más devastadora porque hasta bien entrado el mes de diciembre yo todavía albergaba la esperanza de una reconciliación gloriosa, como gloriosas habían sido todas las anteriores. Claro que antes no estaba él, tan alternativo, tan cool, tan ufano en su faceta de expendedor ambulante de entradas para los mejores estrenos teatrales y los conciertos de esos cantautores sexagenarios que a ella le chiflaban. El muy cretino tuvo que encontrar por casualidad el blog donde Culo de Manzana colgaba algunos de los relatos que nunca le premiaban en los modestos concursos locales a los que concurría, y dejar un ingenioso comentario cargado de oscuras intenciones en uno de sus posts más flojos.La primera noche se bebieron toda la cerveza de la calle Alfonso mientras hablaban como cotorras de la nueva poesía aragonesa y el cine mexicano de Buñuel, temas en los que él, modestamente, se autoproclamaba experto. Se enamoraron perdidamente y nadie en la ciudad dejó de saberlo: iban de la mano a festivales de cortos, al rastro, a cenar en restaurantes de comida minimalista. Una buena amiga me contó que a mediados de diciembre se había encontrado a Culo de Manzana en la sección de complementos del Corte Inglés, comprando un gorro de lana y unos guantes Thinsulate, porque, según le explicó, riendo alborozada, qué locos estamos, maja, este chico es la pera, se iban a Moscú a pasar el fin de año. Hace falta ser idiota.
Para seguir leyendo pinche aquí (yo lo haría)
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miércoles, 19 de noviembre de 2008
Delicioso helado de tutifruti
Una reseña de Luis Borrás para Aragón Literario
Acabé de leer "Abierto para fantoches" y me chupé los dedos. Me gustó tanto que volví a empezar. Como un niño pide repetir el postre. Una bola de cada. Una con sabor a traición, otra invisible, otra de dulce venganza, otra de sed de justicia, otra de soledad y una última con todos los colores de la cola de un pavo real. Y por encima delicioso coco rayado.Repetí. Lo leí dos veces, sin cansarme, igual que podemos admirar eternamente la belleza. Salí y volví a entrar, como el asesino vuelve al lugar del crimen. Lo bebí con ansia, como apuran la copa los sedientos.
Repetí. Volví a leerlo porque tengo conciencia de incrédulo y espíritu de náufrago. Lo volví a leer para creérmelo, para besar la arena de su orilla. Lo volví a leer para que sus palabras hagan más cálido este maldito invierno. Lo disfruté despacio, como se fuman el último cigarrillo los condenados.
Repetí. Repase mis notas y las emociones sentidas. Lo hice mío, como buscan el calor los huérfanos y el sol de enero los perros callejeros.
Sentí mi casa más pequeña y mi vida hecha de noches en blanco, acosado por el calor que trepa por las ventanas abiertas. Coloqué el paisaje idílico de una playa desierta en la mirilla de la puerta y recé a la buena suerte. Sentí alivio cuando mi mujer me dijo que con la extra de julio nos daría para poner aire acondicionado en casa, y cuando supe que mis vecinos no tenían intención de vender su piso. Patricia me ha enseñado que nuestra vida es corriente e incompleta y que nuestra felicidad está realquilada en la oficina de objetos perdidos. Los seres afortunados y perfectos viven en otros barrios, compran en otras tiendas y sus coches parecen de charol, los vemos en las revistas y en la televisión pensando que son pura fantasía. Pero si uno de ellos aparece en el piso de al lado, no lo dudes, cámbiate de casa, porque te arruinará la vida.
Sentí terror imaginando a una hermosa niña como un ángel pálido, de enormes ojos azules y carita inocente, ahogando a un perro en la piscina de casa. Sentí el mismo dolor desesperado de sus padres al no poder explicarme con la lógica sus juegos, cuchicheos y risas, con alguien que no estaba vivo. Sentí terror al ver a una niña tumbada en la cama, quieta como una muñeca, con las manos cruzadas sobre el pecho y los zapatos nuevos con la suela sin un arañazo. Patricia me ha enseñado que es preferible el juego a la locura, que es preferible ver fantasmas burlones que aceptar la nada y el vacío de la muerte, pero no por eso dejé de sentir un escalofrío auténtico.
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