La enfermedad del lado izquierdo

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El destino no está escrito, ¿o sí? ---------- http://laenfermedaddelladoizquierdo.blogspot.com/

También estoy aquí...

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MI BLOG PERSONAL

viernes, 14 de noviembre de 2008

Un relato policíaco, de Imre Kertész

No deja de asombrarme la lectura de estos escritores del este (todos o casi todos publicados en Acantilado). A Imre Kertész no lo conocía –ya saben que reconozco lo poco que sé– y sin embargo fue premio Nobel de Literatura en el año 2002. Su vida demuestra el coraje y el espíritu de lucha que poseen ciertas personas. Baste decir que nació en 1929 en Budapest, que en 1944 fue deportado a Auschwitz (sí, con quince años) y que su mundo desde entonces fue la Literatura (con mayúscula, David). El reconocimiento no empezó a llegar hasta mediados de los noventa y aún es un desconocido.
El relato del que hablo es prueba de ello. Como todo autor del este de Europa, presentó su escrito a las editoriales oficiales húngaras para su publicación, pero ¿cómo presentar un libro que denuncia las dictaduras y el acceso al poder por medios ilegales ante las editoriales oficiales (tan sólo había dos) de un estado en el que por entonces (1975) reinaba una de las más fieras dictaduras? La voluntad de denuncia llevó al autor a reelaborar su obra, a situarla en otras latitudes y a cambiar nombres que fácilmente podrían confundirse con los de personas reales.
Aquí la ficción nos obliga a mirar hacia otro lado si no queremos ser concientes de que dentro de las personas caben todas las maldades. Todas, incluso aquellas inimaginables para seres autodenominados “humanos”. La barbaridad otra vez.
La valentía de Imre Kertész, trajo consigo muchos problemas. Sin embargo, el principal de ellos, el que más le preocupaba según palabras del autor, no era su propia seguridad o el seguimiento constante al que era sometido. Lo que más preocupaba al autor fue convertir en ficción la realidad sobre la que escribía, que era, ya lo imaginarán, la que estaba viviendo.


Pero, ¿saben ustedes lo mejor? Por azares de eso que llaman destino, ando ahora leyendo los extraordinarios cuentos de Haroldo Conti, un escritor que fue “desaparecido” por la dictadura argentina en 1976.

Mierda de vida.

sinopsis

Un miembro de la policía secreta de un país latinoamericano sin precisar relata, poco antes de ser ejecutado, su experiencia en el Cuerpo. Vuelven a surgir de este modo las preguntas que Imre Kertész siempre nos formula: ¿Cómo se implica el ser humano en la maquinaria de una dictadura? ¿Cómo llega a participar en ella? En este caso, Kertész lo narra desde la perspectiva no de la víctima, sino del verdugo. Con extrema economía, con frialdad, explica la caída de un hombre en la indiferencia moral y en el empobrecimiento definitivo del alma y da así con una de las claves para entender nuestra época.
Un relato policíaco
Traducción de Adan Kovacsics
Narrativa del Acantilado

Aquí un expléndido trabajo: "Imre Kertész: la degradación de la víctima"

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Vías paralelas



“Su vida y la de su mujer eran paralelas.
Nunca se encontrarían”
Miguel Torga “Otoño”




Vías paralelas

Después de cenar, veían juntos la televisión. Apenas hablaban y si lo hacían, nadie deduciría de ello una conversación. Después se acostaban, se deseaban buenas noches con un beso y dormían. Hasta la tarde siguiente, ya al anochecer, no volverían a verse. Se diría que todos aquellos años otorgaban la conformidad a su matrimonio, pero en realidad siempre había sido así. Sus vidas eran dos raíles de tren, vías paralelas. Nunca llegarán a encontrarse.

texto: Esteban Gutiérrez Gómez

lunes, 10 de noviembre de 2008

Presentación de "El trabajo os hará libres", de Espido Freire

Martes, 11 de noviembre de 2008
19:30 horas
Círculo de Bellas Artes
Sala Maria Zambrano
Madrid

Presentación de El trabajo os hará libres. Cuentos

Con estos cuentos, Espido, una de las jóvenes escritoras de más éxito en España, inicia una etapa de colaboración con Páginas de Espuma.
Espido Freire nos propone en sus catorce cuentos un viaje en el que asistiremos al trabajo y la voluntad que en un momento dado todos ponemos en nuestro día a día. Son historias que ahondan en la naturaleza de nuestro esfuerzo por vivir y en la libertad que poseemos para elegir qué decisiones tomar y llevar a cabo en nuestra existencia. Sus personajes transitan hacia la incertidumbre, provocan su destino, observan la existencia que les rodea, esperan lo soñado. Un bellísimo libro sobre el amor, el más sublime y el más deseable, sobre la atracción y el engaño que ejercemos en los demás, sobre la memoria y la relación que nos suscita el paso del tiempo en nuestro universo inmediato. Páginas sobrecogedoras, entrañables, terribles, tiernas. Una lectura que nos hará más sabios y, por tanto, más libres.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Al otro lado del espejo, nueva Revista literaria dedicada al cuento


Presentamos una nueva revista literaria dedicada al mundo de la narracción breve.
Nació ayer y está por desarrollarse.
Cada cuatrimestre a partir de enero de 2009, saldrá en formato papel.
Os mantendremos informados.
Por presura, no puse que la aparición de esta revista fue un chispazo de Gsús Bonilla. Leyó el manifiesto y el mismo día decidió crear una revista digital y en papel sólo dedicada al cuento. Al día siguiente ya estábamos en marcha. Quiero decir que fue dicho y hecho y fue, además, la prueba de que no se dice cómo swe hacen las cosas, sino que se hacen.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La sección - Adám Bodor



En mi repaso a los escritores del este de Europa que mi amigo Bernabé tuvo a bien recomendarme, me he encontrado con este relato breve del húngaro Adám Bodor que es una maravilla de cuento.

Pensaba escribir mi reseña, pero he encontrado ésta, de la misteriosa Señora Castro, tan completa y acertada que me ahorro palabras innecesarias.

En todo caso, un relato tremendo, efectivo, donde el autor sabe guardar el secreto hasta la última palabra. Social y fantástico a la vez. Telúrico.

Es, sin duda, una lectura obligada

miércoles, 5 de noviembre de 2008

El sofá rojo, un nuevo blog dedicado al mundo del cuento

Pues lo dicho, una nueva Revista literaria dedica al relato y al microrrelato.
He tenido el honor de inaugurarla con un relato inédito. Os dejo una líneas del mismo y enlazó con la página de la Revista El Sofá Rojo para que podáis leer el resto.


Aquel lapicero de Cinzano
Las noches son interminables y ya no se revuelve en la cama como antes. Está quieta, boca arriba, con los párpados apretados a la espera de que los cubra de oro la luz. No quiere dormir. Prefiere pensar, ocupar la mente con el zumbido de las moscas en la cocina, con los ladridos lejanos en el páramo, contando los descorches del yeso de la fachada que caen al suelo –frutos vencidos por la helada–, como la muda vieja de las serpientes. Pero el sueño vuelve y, otra vez, la ve correr por el sendero del río, camino de casa. Entonces, despliega las pestañas como para despertarse, pero la luz no ha llegado. No es que no quiera soñarlo, es que sabe que nunca podrá dar una explicación. Ella lo sabe. Está resignada desde hace mucho. Ella sí, pero la otra, la niña que la habita mientras duerme, no. [....]
Sigue leyendo aquí


Bueno, Delia Olmos y Juan Javier Murillo, mucho éxito con esta aventura.
Todo por el cuento.

martes, 4 de noviembre de 2008

MANIFIESTO POR EL CUENTO

MANIFIESTO POR EL CUENTO
(carta abierta a todas las publicaciones periódicas)

¿Qué motivó que el cuento como nuevo género literario hubiese tenido dos espectaculares apariciones, primero en el siglo XIX y, después, en el XX?
Curiosamente la respuesta es la misma: su publicación en revistas y diarios.
Los cuentos modernos, nacen primero en los periódicos y luego se convierten en libros que los recopilan.
Poe, Chejov, London escribían sus cuentos para periódicos. Carver, Cheever, Fante, Bukowski, y toda la generación del realismo sucio americano de mediados del siglo XX, adelantaban sus publicaciones con cuentos en periódicos. La nueva generación americana del desarraigo publica en fanzines y diarios locales, algunos incluso nacionales con gran tirada, antes siquiera de presentar su primer libro de cuentos.
En la América de habla castellana, el cuento está siempre presente en ellos.
¿Qué coño ocurre en España con el cuento?
¿Ningún periódico es capaz de liberar una columna para acoger un cuento moderno?
Se trata de dar oportunidades a gente desconocida, pero fielmente cuentistas, no de ofrecer una columna a escritores consagrados que publican como cuento el recorte de un amago de novela.
El cuento es un género narrativo mayor, quizá el más complejo en su elaboración a pesar de su aparente sencillez, que requiere una excelente técnica de relojero para lograr que en el lector surja el efecto deseado.
El cuento es corto por definición, y muy intenso. El buen cuento marca un antes y un después en la mente del lector que ha sentido como un terremoto bajo sus pies.
El cuento explota en la cabeza, anida en el alma y enseña a ver la vida desde otra perspectiva.
El cuento aguanta sin respirar tres estaciones de cercanías y varias de metro. El lector viaja, sí, pero no en el vagón.
El cuento es el género literario más acorde con el actual mundo, presuroso y alocado. Y lo es por dos motivos. Primero, por su minimalismo intrínseco. Y, segundo, porque en su interior guarda una bomba intelectual.
Demos una oportunidad al cuento.
Cada año más cuentistas se suman al movimiento. Mucho tienen que ver en ello las escuelas de creación literaria y los talleres que se han multiplicado por cien en los últimos tiempos.
El cuento como paso de la nada a la novela ya no es un simple ejercicio de preparación. Muchos de los cuentistas modernos son conscientes de que han encontrado en el relato corto su distancia.
El cuento, el buen cuento, es un reto.
Los cuentistas son a su vez devoradores de cuentos; fagocitan y degluten relatos con la esperanza de descubrir una nueva forma de tallar ese “diamante” en bruto que es la idea previa a la composición.
Demos una oportunidad al cuento.

Esteban Gutiérrez Gómez.
Cuentista.

En la caseta de Drakul, Semana NEGRA de GETAFE

Firmas en GETAFE NEGRO.
Gracias a javier, de Drakul.





lunes, 3 de noviembre de 2008

Muelas y señales, de José Ángel Barrueco

Sigo a vueltas con la antología HANK OVER (RESACA) dedicada a Charles Bukowski por los hijos de Satanás. Como dice Pepo Paz, "la cabra tira al monte", y alguno de los cuentos que se incluyen en esta antología, aún resuenan en mi cabeza.

Eso ocurre con Muelas y señales, de José Ángel Barrueco. Es un cuento plenamente inserto en la tradición del realismo sucio español (heredera de aquellos cuentos de Carver, Cheever, Fante y el mismísimo Charles Bukowski). Es, además, una narración que parte de un hecho real: el autor fue el protagonista principal del cuento.

El cuento llega al lector. Sudas, sudas, como ellos. Penas, como ellos. Te jodes, como ellos. Y te beberías las cervezas bien frías, como ellos. Eso significa que transmite, que las descripciones están conseguidas y que los personajes son no sólo creíbles, sino verdaderos.

Que el protagonista sea, además, escritor (como Jab), y recurra a este tipo de curro para sobrevivir, dice muy a las claras cómo están las cosas en la realidad literaria de los "sin nombre". Pero como dijo una vez David González: “nadie dijo que esto fuera fácil”.

Otra cosa: dice el axioma “Si algo puede ir mal, irá mal. Si puede ir a peor (peor que mal), irá a peor”. Todo ello se verifica en este relato de JAB. A pesar de ello, como descubriréis si el fragmento que podéis leer a continuación es lo suficientemente atractivo como para ir a la librería y haceros con un ejemplar por 12 euros (de risa), “la cabra tira al monte”, y nada le impide a ese personaje-escritor ponerse delante de un papel en blanco a volcar historias que rondan su cabeza.
Así somos los cuentistas.

José Angel Barrueco
Muelas y señales (fragmento)

Hete aquí viviendo como un gusano
día tras día, genio del hambre,
fiel a una vocación sagrada.
John Fante

Maldigo a quienes creen que ser bohemio y maldito es agradable y encantador.
Me llamo Martín de Acero y soy escritor. Algunas personas, en esta ciudad, se empeñan en ofenderme despojando mi identidad de ese sustantivo, pero siempre dije que si uno pasa la mañana escribiendo cuentos, o fragmentos de novelas, o ensayos, o lo que sea, bueno, el caso es que no es barrendero, ni notario, ni empleado de oficina. Es, simplemente, un tipo que escribe, que se dedica a escribir. No hay vuelta de hoja.
Tengo veintinueve años y en breve voy a cumplir los treinta y sé que quizá estas páginas no vean nunca la luz. No me importa. Llevo los zapatos gastados y rotos y los dobladillos del pantalón hechos trizas. Mis camisas, a menudo, conservan los lamparones del día anterior. Suelo ir por la calle sin afeitar, con barba de una semana, y en invierno me pongo un abrigo largo, uno de esos que llaman tres cuartos, que me otorga el aspecto de bohemio cuya etiqueta se empeñan en adjudicarme. Mi estampa no es elegante y nunca me he puesto traje y corbata, pero siempre salgo a la calle con el cabello limpio. En las cafeterías a las que acudo pido café o un zumo que me revitalice el organismo, y los sábados procuro emborracharme, así que, en teoría, para los habitantes de esta ciudad estoy empezando a tomar una inusual fama.
Aún vivo con mi familia. Pertenecíamos a la clase media. Pero eso era antes. Ahora me temo que somos de la clase baja. A veces nos cuesta llegar a fin de mes sin que nos corten el agua caliente o sin que la compañía de la luz nos deje a oscuras.
Quizá sea mi aspecto, pero algunas personas me consideran un escritor maldito y un bohemio en regla. Para ser un maldito nadie tendría que haberme publicado, y algunas de mis obras circulan por ahí. Y, si doy pinta de bohemio, tal vez sea por mi bajo nivel de vida.
Escribir es un trabajo. La gente piensa que es una aventura romántica. Nada de eso. Procuro madrugar, me siento ante el ordenador y las horas transcurren. Es un ordenador viejo que va a trompicones y tiene las teclas desgastadas. Cuando la mañana termina, suele dolerme el culo y en la espalda tengo molestias.
Un escritor vende poco, salvo si es uno de esos tipos célebres que arrasan en las librerías y cuyos libros todo el mundo regala por Navidad. Los críticos y los esnobs acostumbran a machacar sus novelas y su reputación, pero no veo nada de perjudicial en enriquecerse escribiendo. Si un doctor se enriquece sanando enfermos, ¿querrá eso decir que es un mal médico?
Hace unas semanas pasé unos momentos malos. Muy malos. Debía algún dinero y, a menudo, me encontraba a esa gente con la que había contraído deudas.
-¿Cuándo demonios vas a pagarme?
-Pronto, muy pronto.
-¿Vas a ganar algún premio gordo?
-Sí, Alfredo, voy a ganar un premio gordo y luego te pagaré.
-Más vale que sea cierto.
Por supuesto, era mentira. No es barato enviar relatos y novelas a los concursos. Cuesta dinero. Dinero para el cartucho de tinta, dinero para hacer copias en la copistería, dinero para los sobres y los sellos y también para los envíos certificados.
En aquellos días de los que hablo no llevaba mis cuentas muy mal. Con mis ahorros podía permitirme salir los fines de semana, invitar a una chica de vez en cuando a cenar y comprar folios y cartuchos de tinta. Entonces me cogí un catarro (a pesar de que era verano) y empezaron a dolerme las muelas. [....]

ficha técnica
editorial: CABALLO DE TROYA
lugar de edición: MADRID
año de edición: 2008
formato: OTROS
páginas: 304
ISBN: 978-84-96594-21-0

sábado, 1 de noviembre de 2008

Medardo Fraile

Ayer lo conocí, en la presentación de Nosotros, todos nosotros del escritor turolense Victor García Antón (y del que escribiré un post sin duda, después de leer el primer relato de ese libro, y releerlo y releerlo, por el sólo hecho de disfrutar de su lectura. No adelanto más.)Nos estrechamos la mano y miré de cerca sus ojos claros y sinceros.
Un honor. Sabía o había oído hablar (no sé si bien o mal) de El laberinto de Noé. Más honor.

Medardo Fraile, el Maestro, me comentó lo gratificante que es escribir un buen cuento, lo dificultoso de este arte que exige precisión de relojero y lo poco valorado que está. Sonreí. Lo tengo asumido y, aun así, me declaro cuentista.


MEDARDO FRAILE (UNA ENTREVISTA)
Nombre indispensable de la narrativa española, y maestro del cuento, Medardo Fraile lleva años alejado físicamente de España, aunque su obra no ha dejado de estar presente. En estos días sale a la calle una edición de sus cuentos completos, Escritura y verdad (editorial Páginas de Espuma), con un denso y esclarecedor prólogo de Angel Zapata, acerca del cual el escritor no escatima elogios.

En la narrativa española, Medardo Fraile es un caso curioso. En cierto modo, se puede parecer a ese tópico del escritor de culto, es decir, alguien, tan idolatrado por minorías de entendidos como desconocido del gran público. Quizá haya algo de eso, pero no sería un término adecuado para este autor al que nada menos que Augusto Monterroso considera el gran cuentista español. Su caso es, más bien, el de alguien cuyo nombre se pronuncia con auténtico respeto por mucha gente del mundo literario (críticos, editores, escritores, lectores), y cuya obra está bien recogida en las ediciones más prestigiosas, pero que, tal vez, no tiene la repercusión pública que merece. Lo primero no requiere de mayor explicación que la calidad intrínseca de la obra de Medardo Fraile. En cuanto a lo segundo, caben dos explicaciones que no son excluyentes: la pertenencia de Medardo Fraile a una generación hoy muy mermada y algo olvidada, y el alejamiento físico del escritor durante muchos años.

¿Cree que ese alejamiento le ha perjudicado?

Para mi vida, me ha venido bien, porque en Gran Bretaña me casé, llegué a catedrático, pero para la profesión ha sido fatal, porque la presencia aquí es necesaria. Es verdad lo de que el ojo del amo engorda el caballo. Ya estoy jubilado y vengo dos o tres veces al año. Creo que mi nombre vuelve a estar funcionando, porque se estaba borrando.

La nueva edición de sus cuentos, Escritura y verdad, puede ser el mejor síntoma.

De esta edición me parece extraordinario el prólogo de Ángel Zapata. La crítica me ha tratado siempre bien, pero la profundidad de Zapata es única.

Dice Zapata que sus cuentos son de una belleza disidente o, más bien, son una disidencia bella.

¿Qué es lo sustantivo y qué lo adjetivo?

Prima la disidencia. La belleza tiene que ser la justa. Recrearse en la belleza no es lo mío, nunca lo ha sido. A mí no me interesa tanto la forma por sí misma. La forma debe estar al servicio de lo que cuentas y no al revés. La disciplina del cuento tiene que ser muy estricta. Yo no me recreo en la forma; si me sobran palabras, las quito.

Ha dicho usted que lo humano es lo único que le interesa.

Sí, prefiero lo humano, que perdura; lo social acaba diluyéndose. Lo social depende de la política; si la política mejora, lo social se acaba. Lo existencial, sin embargo, nos atañe a todos.

Por eso muchos de sus personajes son como santos inocentes, pienso en el protagonista del cuento “En vilo.”

No todos son así. El de “En vilo”, sí; otros no. Son gente normal y corriente.

Pero sí hay un ingrediente en el que coincide la crítica, que es la ternura. Lo señala Pilar Palomo en la edición de Cátedra, y Ángel Zapata titula su trabajo introductorio a Escritura y verdad “la ternura del nómada”.

Es cierto, pero con la ternura no hay que pasarse, hay que controlarla, si no, uno se convierte en una especie de tanguista.

En sus cuentos, a veces el argumento se adelgaza hasta casi desaparecer, como si lo esencial estuviera fuera de lo que se narra.

Creo que el lector tiene que buscar lo esencial del cuento, que pueden ser dos frases, pero que tienen que estar abrigadas por el resto. No hay que contarlo todo, contarlo todo es el modo de aburrir a la gente. [Quizá convenga recordar aquí algo que el propio Medardo Fraile dijo hace casi cincuenta años: “Siempre he tenido fe ciega en los cuentos en los que no pasa nada”].

El cuento, decía Cortázar, tiene que ganar por K.O.

Es cierto, ésa es una buena frase que, además, es verdad; el cuento que no gana por k.o. no vale. Requiere menos tiempo que una novela, evidentemente, pero en el cuento no te puedes permitir ninguna transición, ningún descanso. En el cuento, cada línea es una batalla.

¿Quiénes son sus autores de referencia?

Siempre he tendido a hacer lo que me daba la gana. Pero me han interesado autores muy distintos, como Ramón Gómez de la Serna, Katherine Mansfield, Carson McCullers, O’Henry, que tiene mucha gracia aunque esté algo anticuado, Dublineses de Joyce; de Samuel Ros, al que dediqué mi tesis, me interesan más los artículos que los cuentos.

Del cuento se dice que tiene peor salida editorial que la novela, pero se dice cada vez que aparece un nuevo volumen de cuentos, por lo que, quizá, haya que ponerlo en duda.

Es totalmente cierto. Es más, se suele decir también que el cuento resucita, y el cuento ya había resucitado. Hay problemas en las editoriales, que no saben vender el cuento, no sé qué les pasa.

Pueden faltar revistas que acojan cuentos.

En mi época, ésa era la salida para publicar, había montones de revistas. El problema venía al meter los cuentos en libros. Decía García Pavón, que las revistas ayudan y las editoriales fallan.

Su época fue la de una generación excelente en cuyas iniciativas estuvo usted muy implicado.

Había muchísima gente en aquella facultad de Filosofía y Letras de la Complutense. Juan Guerrero Zamora, que hizo la revista Raíz, José María Valverde, un poco mayor que nosotros y que ya había tenido éxito como poeta, Aldecoa, que era muy noble y tenía una vocación literaria extraordinaria, Jesús Fernández Santos, que hacía teatro como Alfonso Sastre y Alfonso Paso, Manuel Seco, Rafael Sánchez Ferlosio, que no acabó la carrera...

Frente a su larga dedicación al cuento, sólo ha publicado una novela, Autobiografía.

Quizá yo sea un poco cabezota, y si desde joven me decían que escribiera novela, yo replicaba que por qué, si lo que me gustaban eran los cuentos. Escribí Autobiografía para demostrar que sabía hacer novela y que me dejaran tranquilo.

Tampoco ha escrito poesía, pero sí teatro.

Escribí poesía de joven, como todo el mundo. Pero sólo tengo cinco o seis poemas publicados. Ahora he vuelto un poco, pero es como una especie de deporte. El teatro, sí; es con lo que empecé. Lo dejé porque en el teatro dependes mucho de otros, de directores, empresarios... Fue una huida un poco ingenua porque lo que daba dinero entonces era el teatro. Pero, teniendo lo esencial, me ha importado siempre poco el ganar dinero.

jueves, 30 de octubre de 2008

Nuevo libro de Victor García Antón

El próximo viernes 31 de octubre
a las 19 horas en el salón de actos de la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, en el complejo El Águila, de la calle Ramírez de Prado, número 3, se presentará en Madrid "Nosotros, todos nosotros", el esperado nuevo libro de cuentos de Víctor García Antón, que se abre con un prólogo del escritor y profesor Medardo Fraile (The Boss).

miércoles, 29 de octubre de 2008

CREATURA Nº 33


Esta es la sorpresa que me esperaba en el buzón al regreso del Monte Perdido en el valle de Ordesa.
Aquí dentro está la entrevista y el relato Pinball, que en principio iba a dar título al libro, que acabó llamándose (y no me arrepiento en absoluto) El laberinto de Noé.
Al abrirlo he recordado la noche del viernes, ese Buko a tope de amigos a los que ahora ponía cara (enorme el artículo de Jab para la el diario La opinión de Zamora) y de muy, muy buen rollo.
Somos algo así como una familia. Nos une la literatura y las ganas de luchar contra la políticamente correcto, contra las mafias del libro establecidas. Nos une la poesía que habla de aquí y ahora, de nosotros, la palabra que no tiene pelos en la lengua
Gracias, Kebran.

viernes, 24 de octubre de 2008

Un paréntesis


En Bacovicious esgrimo otras razones.
Como podéis ver, no son tan poderosas como éstas.
El caso es que hasta el miércoles 29 este blog estará dormido.
Todo empezará dentro de una hora, con la presentación del nuevo libro de Medardo Fraile "Entradas de cine" en el Círculo de Bellas Artes. Luego viene David González y su hermano Kebran que también presentan libros. Y luego y luego y luego...
Así no se puede vivir.
Necesito un descanso. Bueno, quiero decir, relajarme en buena compañía. Alguién que me mime y eso.
A la vista está lo que necesito.
Me aseguran que la han visto bajo un hayedo.
Una especie de bruja o algo así.
¡Jo, con lo que me gustan a mí estas cosas fantásticas!
Ya os contaré.

jueves, 23 de octubre de 2008

La naturaleza de la diversión (DFW)


La naturaleza de la diversión
DAVID FOSTER WALLACE


La mejor metáfora que conozco sobre lo que es ser un escritor de ficción aparece en la novela de Don DeLillo Mao II, donde el autor describe un libro a medio escribir como un niño horriblemente deforme que sigue al escritor allá adonde vaya, gateando tras él (arrastrándose por el suelo de restaurantes donde el escritor trata de comer, apareciendo al pie de su cama en cuanto abre los ojos por la mañana, etc.), horriblemente anormal, hidrocefálico y desnarigado y con unos brazos atrofiados que parecen aletas e incontinente y retrasado y babeando fluido cerebro-espinal mientras lloriquea y farfulla y grita reclamando amor, reclamando la única cosa que su monstruosidad le garantiza conseguir: la completa atención del escritor.
La figura del niño deforme es perfecta porque refleja la mezcla de repulsión y amor que el escritor de ficción siente por aquello en lo que está trabajando. La ficción siempre sale a la luz horrorosamente defectuosa, como una horrible traición a todas las esperanzas puestas en ella -una caricatura cruel y repelente de la perfección que presentaba en el momento de su concepción primera-; sí, entended: grotesca por lo imperfecta. Y aun así es tuyo, el niño, eres tú, y lo quieres y te lo subes a tus rodillas y lo haces saltar y limpias el fluido cerebro-espinal de su floja barbilla con el puño de tu única camisa limpia (sólo te queda una camisa limpia porque no has hecho la colada en casi tres semanas porque parece que por fin ese capítulo o ese personaje están a punto de salir y funcionar como debe ser y te aterroriza perder el tiempo en cualquier otra cosa que no sea trabajar en ellos porque si desvías la vista un segundo los perderás, condenando al niño a una monstruosidad sin final). Así que quieres al niño deforme, lo compadeces y lo cuidas; pero también lo odias -lo odias- porque es defectuoso, repulsivo, porque algo grotesco le ha sucedido durante el parto, de tu cabeza al papel; lo odias porque su deformidad es tu deformidad (puesto que si fueras mejor escritor tu niño sin duda se parecería a esos niños que aparecen en los catálogos de ropa infantil, perfectos y sonrosados y con el fluido cerebro-espinal en su sitio) y cada uno de sus horribles resuellos es una devastadora acusación contra ti, a todos los niveles… y por lo tanto lo quieres muerto, incluso cuando lo adoras y lo lavas y lo acunas e incluso cuando le practicas la resucitación cardiopulmonar cuando parece que su propia monstruosidad le ha bloqueado la garganta y parece que por fin va a matarlo.
Todo el asunto es desagradable y triste, pero al mismo tiempo también es tierno y conmovedor y noble y guay -es una genuina relación, de algún tipo- e incluso en la cima de su monstruosidad el niño deforme, de algún modo, toca y despierta las que sospechas que son las mejores partes de ti: las partes maternales, las partes oscuras. Quieres mucho a tu niño. Y quieres que los demás también lo quieran cuando al niño deforme le llegue el momento de salir a la calle y enfrentarse al mundo.
Así que te hallas en una posición un tanto incierta: quieres al niño y quieres que los demás también lo hagan, pero eso significa que esperas que los demás no lo vean correctamente. Quieres que los demás sean tontos o algo así; quieres que vean perfecto lo que tú, en tu corazón, sabes que constituye una traición a la perfección.
O, mejor dicho, no quieres que los demás sean tontos; lo que sí quieres es que vean y amen a un adorable, milagroso y perfecto niño, semejante a un modelo infantil, y quieres que acierten, que estén en lo correcto respecto a lo que ven y sienten. Tú quieres estar terriblemente equivocado, quieres que la monstruosidad del niño deforme no resulte más que un engaño o una alucinación. Pero eso significaría que estás loco, que has visto deformidades horribles, has sido acosado por ellas y huido de ellas, deformidades que de hecho (los demás así te lo aseguran) no están ahí. Eso significaría que estás como un cencerro. Incluso peor: significaría que ves monstruosidad, y la desprecias, en algo que tú has producido (y amado), en tu prole y, en cierto modo, en ti mismo. Y esta última esperanza representaría algo peor que una mala actuación como padre; sería una terrible modalidad de ataque a uno mismo, casi una auto-tortura. Pero aun así es lo que más deseas: estar completa, loca, suicidamente equivocado....
(el ensayo sigue, pero hasta que no vuelva a dar con el blog que lo recuperó (ahora no lo encuentro), por decencia, no puedo seguir publicándolo)
Post Scriptum: Gracias a Jose Ángel Barrueco (JAB) he averiguado que el blog donde encontré esta maravilla es el de Jon Bilbao. Puedes seguir leyendo el ensayo aquí)

martes, 21 de octubre de 2008

Presentación "Como una historia de terror", de Jon Bilbao

Miércoles
22 de octubre
a las 20.00 horas

Librería tres rosas amarillas
San Vicente Ferrer, 34
915 228 108
http://www.tresrosasamarillas.com/index.php?id=135



La Editorial Salto de página y la Librería tres rosas amarillas te invitan a la presentación en Madrid del último libro de Jon Bilbao, Como una historia de terror.

Jon Bilbao nació en Ribadesella (Asturias) en 1972 y estudió Ingeniería de Minas en la Universidad de Oviedo. Antes de dedicarse a la escritura trabajó en diversos lugares, entre ellos una central nuclear y una refinería de petróleo. En 2005 participó en la recopilación Ficciones, publicada por la editorial Edaf en colaboración con la Asociación Colegial de Escritores, y el mismo año obtuvo el premio Asturias Joven de Narrativa con el libro 3 relatos. En 2007 resultó ganador del XXXVI Concurso de Cuentos Ignacio Aldecoa por el relato Calor. En el catálogo de Salto de Página ha publicado la novela El hermano de las moscas y la colección de relatos Como una historia de terror. En la actualidad reside en Bilbao, donde trabaja como guionista de televisión.
El acto contará con la asistencia del autor y del escritor y crítico literario Juan Jacinto Muñoz Rengel.